Capítulo 3.4

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“¿A-Acabas de decir que moriremos…?”

Henri miró a Raishin, con miedo centelleando en sus ojos.

“Es sólo una posibilidad, eso sí. Piénsalo. A nadie le dijeron que existía una gran caverna como esta bajo tierra. Lo más probable es que fuera un secreto. Y obviamente, podrías contar a las personas que lo saben con los dedos de una mano.”

“… Está bien. Estoy bien con eso. Si fuéramos a morir aquí, ahorraría un montón de problemas.”

“Deja de ser irracional. Eres tan testaruda como ella.”

Los hombros de Henri se crisparon ante eso. Poniéndose todavía más terca, le dio la espalda a Raishin.

Abrazándose las rodillas, se encogió haciéndose más pequeña y cesó todos los movimientos, no movía ni siquiera un músculo.

“De todas maneras, la ayuda llegará. Definitivamente no moriré.”

“Tienes el descaro de decir que quieres morir. Si la ayuda no llega, ¿qué vas a hacer?”

“Perfecto. Si la ayuda no llega, entonces moriré aquí.”

En ese momento, un trozo de escombros colapsó en ese preciso momento. El impacto envió vibraciones a través del suelo y esparció arena por la pendiente.

Pasando a no más de cinco metro de Henri, el escombro desapareció abajo en la oscuridad.

Si la hubiera golpeado directamente, seguro hubiera muerto. Incluso si la hubiera rozado, el resultado seguramente habría sido el mismo.

Mirando más de cerca, pudo ver que el rostro de Henri palideció, y que estaba temblando ligeramente.

Raishin siguió observándola, mientras formulaba un plan en su cabeza. Eventualmente, abrió la boca para hablar.

“Acabo de recordar algo. Hace mucho tiempo, en esta cueva enterraron vivas a miles de personas.”

“¿Eh…?”

“Este sitio es una gran instalación para las artes mágicas. Esta cueva en sí misma es un dispositivo mágico colosal. Con el fin de proteger este secreto, los obreros que trabajaron aquí fueron enterrados vivos para sellar sus labios. A propósito…”

“¿…?”

“Las personas que quedaron aquí recurrieron al canibalismo para sobrevivir. Se arrancaron la carne unos a otros, se sacaron los intestinos, bebieron su sangre y rompieron sus huesos.”

Henri se aferró las rodillas todavía con más fuerza mientras esa fuerza extraña fluía por sus dedos.

“Como habían desechado su humanidad, eventualmente el mundo los rechazó— se convirtieron en monstruos. Finalmente, después de un largo período de tiempo, sólo quedó un monstruo…”

“… ¿Y-Y qué pasó entonces?”

“Todavía ahora, él deambula por este laberinto. Buscando a su siguiente presa…”

El fuego en la lámpara de Raishin titilaba inestablemente. Debido a esa historia, incluso al propio Raishin se le puso la piel de gallina y sintió que se le ponían los pelos de punta.

“Eso… eso sólo es una historia cliché de terror. La inventaste.”

“¿Oh, en serio? Entonces deberías tratar de agudizar tus oídos un poco. Si escuchas con suficiente atención, puedes oír el sonido del monstruo reptando por ahí. Allí, desde allá abajo—”

Cortando su oración abruptamente, Raishin giró más rápido que una bala.

“… ¿Q-Qué sucede?”

“Shh… ¿Puedes oír algo?”

Henri tragó saliva, apretando más sus mulos mientras se encogía más y más.

“Allí… es débil, pero…”

“Eh… esp—… no me gusta esto… Déjalo ya…”

“¡¡¡¡AYÚÚÚÚÚÚÚDEEEEENMEEEEEEE!!!!”

“¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!”

Henri gritó, cubriéndose la cabeza con las manos.

“LosientoLosientoLosientoLosientoLosiento—”

Henri estaba llorando en un estado semi-trastornado. Raishin se sorprendió de lo efectivo que resultó su plan, con un éxito más allá de sus expectativas.

“… No, quiero decir, lo siento. Fue una broma. No tienes que asustarte tanto.”

“¿Una… b-broma…?”

“Es sólo una versión alterada de una vieja historia de terror que se contaba en mi ciudad natal. Sólo soy un estudiante transferido con malas calificaciones. Por eso, ni siquiera sabía que existía este lugar. O mejor dicho, no podría haber sabido de un lugar como este.”

“¡E-Eso es muy cruel! ¡Es imperdonable! ¡Pensé que me iba a orinar encima!”

“La señorita de una noble casa no debería decir algo como ‘orinar’.”

Como pensó, Henri se había asustado muchísimo en serio. Ella quería alejar el dolor y el miedo.

En ese caso, quizás sería posible que le preguntara acerca de por qué intentaba tanto cometer suicidio.

En este mundo, había muchas personas a las que se les había negado la posibilidad vivir aunque quisieran seguir con vida—

Pero no intentó sermonearla sobre esas cosas.

Raishin albergaba deseos de seguir a su familia inmediatamente luego de haberlos perdido. Continuar viviendo era difícil, todo lo que quería hacer era rendirse con todas las cosas y ponerle un fin a todo. Una vez que alguien se ha endurecido a tal extremo, ningún monto de sermones sería capaz de debilitar esa determinación. La persona que logró cambiar la mentalidad de Raishin— dándole un renovado propósito para vivir fue su hermano, quien irónicamente fue la misma persona que le dio la idea del suicidio divertido.

La venganza se había convertido en la razón para que Raishin siguiera viviendo.

Por eso, en lugar de sermonearla, Raishin decidió realizar un suave acercamiento.

“No sé qué es lo que sucederá una vez que vas al otro mundo, ni siquiera estoy seguro de que haya otro mundo. Pero si lo hay, probablemente sea tan oscuro como lo es aquí, sombrío, y lleno de gente muerta.”

“Uu…”

“Alguien tan asustadiza de los fantasmas como tú no debería irse al otro mundo por voluntad propia.”

“Yo… Incluso yo… tengo miedo… de morir…”

Como pensó, Henriette no era alguien que ‘quería morir’.

Así que debe haber otra razón por la que seguía intentando suicidarse, ¿quizás más bien como que ella tenía que morir…?

De todas formas, no te preocupes. Estoy aquí contigo. Aunque sólo sea yo, al menos ya no estás sola. Buscaremos la salida juntos, y prometo que no dejaré que mueras tan fácilmente.”

Henri con inquietud alzó la cabeza.

Por un instante, la mirada en su rostro desencadenó la imagen del rostro de su propia hermana dentro de los recuerdos de Raishin.

“Mi compañera es extremadamente celosa. Una vez que se dé cuenta que estoy aquí solo con otra mujer, ella moverá cielo y tierra para localizarnos. Es por eso que todo está bien. La ayuda llegará definitivamente.”

Henri agachó la vista, antes de asentir con la cabeza.

Finalmente era el primer gesto honesto que hacía desde que Raishin la conoció.

“Bueno entonces. Vamos.”

Extendió su mano para ayudarla a levantarse.

Henri titubeó. Sin embargo, aunque le temía a los hombres, parece que el miedo por su situación actual era mayor. Extendiendo su mano cautelosamente, como si se la estuviera tendiendo a un perro malo, tomó la de Raishin.




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