Capítulo 3.3

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En frente del dormitorio Tortuga, sobre el túnel de árboles.

Charl estaba montada sobre la espalda de Sigmund, respirando agitada, inhalaciones poco profundas.

El sonido de las ruinas de la torre del reloj cayendo como una cascada pudo oírse conforme todo se desplomaba en el agujero.

Los escombros, las rocas, y también, el director.

Finalmente lo había hecho— ¡Mató a una persona por primera vez!

Sus manos se sentían frías y no respondían. Se sentía como si fueran las extremidades de otra persona mientras Charl se abrazaba los hombros con esos brazos desconocidos, todo su cuerpo temblaba.

“¿Estás bien, Charl?”

Recuperó el sentido ante la voz de Sigmund.

“… Estoy bien. Tenemos que apresurarnos y escondernos.”

“Sobre eso. Aunque me encantaría mucho desaparecer— me temo que ahora es imposible.”

En un instante, algún tipo de bala rozó la mejilla de Charl.

¡Había perseguidores en el bosque!

Si fueran algo tan simple como rifles entonces Sigmund sería capaz de resistir, pero los guardias de seguridad estaban armados con cañones. Tenía que hacer algo antes de que los derribaran con fuego pesado.

Volteó a ver a Sigmund. Al hacerlo, sintió la activación de la energía mágica.

Varias sombras salieron disparadas de las ramas.

Su apariencia los hacía parecer como soldaditos de hojalata adornados con cascos. Eran tan grandes como muñecas pequeñas, inorgánicas y mecanizadas que constituían los autómatas estándar que se les daba a los guardias de seguridad, los Heimguarder.

Con movimientos rápidos y ágiles como los de un mono, los autómatas atacaron.

Sigmund sacudió sus alas, golpeó con sus garras, y balanceó la cola para derribarlos. Sin embargo, eran demasiados. Por un breve momento hubo una apertura, y una sombra apareció detrás de Charl.

“Maldición—”

El Heimguarder extendió un dedo. Una chispa blanca azulada salió disparada de su yema. La chispeante luz indicaba que contenía alto voltaje. ¡Si Charl fuera a ser golpeada por eso, quedaría inconsciente en un instante!

Aunque al momento siguiente, el Heimguarder salió volando en el horizonte distante.

En su lugar estaba un hombre. Su atractivo cabello dorado se acercaba más a un color plateado. Estaba usando un traje muy bien confeccionado pero sin abrigo, y con una camisa ajustada. Llevaba puestos un par de lentes tintados, la expresión en su rostro era ilegible.

El hombre había aparecido de la nada, y ahora se había detenido de repente en medio del aire. Charl lo ignoró mientras dijo,

“Nos retiramos, Sigmund.”

“— Entendido.”

Sigmund emanó un destello de luz, y su gran cuerpo redujo su tamaño en un instante.

Charl perdió el equilibro, y al caer, el hombre la sujetó del brazo y se elevó.

“¡Ow! Oye, sé más gentil—”

Sus protestas terminaron allí. Justo cuando estaba a punto de regañarlo intensamente, el escenario cambió en un abrir y cerrar de ojos.

Charl de aferró al brazo de él con toda su fuerza para no caerse. El hombre siguió acelerando, esquivando con facilidad la rubia de balas que estaban padeciendo.

Sosteniendo a Sigmund y Charl, continuó volando a través del bosque suavemente.

Era como una ráfaga de viento conforme él volaba silenciosamente, inafectado por el peso.

Deteniéndose cerca del campo donde se llevaban a cabo las batallas de práctica, con cautela cambió su ruta, realizando un giro en U.

El escenario cambió ante sus ojos al encontrarse ella misma acercándose a la sección central de la academia. Tan pronto como el gran auditorio apareció a la vista, la apariencia de Charl empezó a transformarse.

Su centelleante cabello dorado cambió a un color marrón opaco, y su ropa cambió al uniforme de una estudiante.

Lo más probable es que fuera el arte mágico de alguien. Para el momento en que Charl se había transformado en una estudiante inadvertida— Ravena— el hombre había aterrizado detrás del edificio.

Con gentileza bajó a Charl. Resultó ser más caballero de lo que ella pensó. Sigmund se había transformado en una paloma, y ahora estaba posado sobre su hombro, arrullando.

Los dos entraron al auditorio, dirigiéndose al tercer piso donde estaba el área privada del comité ejecutivo.

En el extremo final del tercer piso, en la oficina pasada de moda del jefe, el joven chico de antes estaba presente.

“Bienvenida de vuelta, Ravena.”

Charl no respondió, su rostro palideció mientras trataba de aguantarse las nauseas.

“Oh querida, ¿qué sucede? ¿Acaso encarnar a una persona muerta te provoca asco?”

Habló en un tono suave. O mejor dicho, sería más certero decir que la estaba molestando.

“¿Ella fue tu compañera de cuarto, no? La amable Ravena.”

Él tenía razón. Ravena era una persona muy amable. También fue buena con Charl.

Si Charl no hubiera hecho eso, ellas podrían haber terminado como buenas amigas.

Al ver el silencio de Charl, el joven chico se encogió de hombros, un gesto cargado de fastidio.

“Vayamos al tema principal entonces. Con la destrucción de las ruinas de la torre del reloj, el estado del director es desconocido en este momento.”

Su voz de repente cambió, ahora era más fría.

“Te dije que había una gran caverna debajo de los campos de la academia— había una razón por la que dije eso. Todavía no has fortalecido tu determinación, ¿no?”

“¡Sí, lo hice! ¡Ya maté al director, ¿no?!”

“Entonces quedó enterrado debajo de todos esos escombros… ¿por qué lo hiciste dando tantos rodeos? Considerando a tu Sigmund, fácilmente podrías haber ignorado a su equipo de seguridad si hubieras querido.”

“… Ese hubiera sido un plan terrible. Desde ayer, el director ha sido escoltado por un equipo anti-artes mágicas.”

“Cierto, desde ayer. Sin embargo, no creo que ese equipo anti-artes mágicas hubiera sido efectivo contra tu circuito Gram.”

Charl se quedó en silencio. Tan fastidioso como fuera, su lógica era perfectamente correcta.

“Bueno, está bien. No me molesta mientras traigas lo que prometiste antes de la hora límite. La cual termina en unas… ¿veinte horas?”

“… ¿De qué estás hablando? Ya terminé el trabajo.”

“Nop, no lo terminaste. Aunque gracias a eso, ella también logró sobrevivir.”

El chico buscó en el bolsillo de su pecho y sacó un cristal, sosteniéndolo para que ella lo viera.

Alguna clase de escenario emergió de las profundidades del cristal transparente y claro.

Este era un dispositivo mágico. Una herramienta que tenía un circuito mágico instalado dentro de sí para que pudiera usarse con artes mágicas.

Los dispositivos mágicos no poseían inteligencia como los autómatas, por lo que el mago tenía que canalizar y controlar la energía mágica por sí mismo o sí misma. Si se los comparaba con instrumentos musical, los autómatas eran como instrumentos que incluían un músico, mientras que los dispositivos mágicos eran simples instrumentos— el sonido que producían venía de uno cuando los tocaba.

Al ver la imagen reflejada en el cristal, Charl se sobresaltó.

¡Era la figura de Henri tirada boca abajo en el piso!

“¡¿Dónde está?! ¡¿Qué lugar es ese?!”

“Cálmate. Henri está viva. O más bien, debería decir que no terminaste matándola tú.”

Fue una declaración malintencionada. Le tomó un momento a Charl darse cuenta de lo que estaba insinuando.

“¡Así es, podrías haberla matado! Ella también estaba en la línea de fuego. ¿No es grandioso que no hayas terminado apuntando al director después de todo?”

Charl reprimió sus emociones, hablando con labios temblorosos.

“… ¿Dónde es ese lugar?”

“La gran caverna bajo tierra. Después de que destruyeras las ruinas, todo colapsó y se desmoronó. El director, su equipo de seguridad, y también, tu linda hermanita.”

El chico volvió la vista al cristal, soltando una expresión de sorpresa.

“Bueno, esto es interesante. Parece que alguna manera, Segundo Último también cayó.”

Charl apretó los dientes. Raishin estaba junto a Henri, aun cuando le había dicho que se mantuviera al margen. En serio sabe como sacarla de quicio, ignorando la advertencia que le hizo de esa manera.

Sin embargo— en algún lugar dentro de su corazón sintió que podía entender la parte de él que se negaba a rendirse.

“Shin, si me permite una interrupción…”

Su asistente le habló. El hombre con lentes tintados hizo una reverencia como la de un mayordomo mientras habló.

“Me temo que será extremadamente difícil, considerando que los guardias de seguridad tendrán los ojos puestos en ese sitio. Sin embargo, si el joven amo diera la orden, entonces la recolección de datos será fácil.”

“Ya veo. En ese caso, hagamos eso. Lleva diez hombres contigo. Me gustaría saber cuál es la situación sobre el suelo también.”

Charl caminó hacia el chico, golpeando el escritorio con las manos.

“¡Yo también iré! Henri—”

“No puedes.”

“¡Déjame ir! Si algo le fuera a pasar a Henri, yo—”

“Acabo de decir que no puedes.”

Charl miró fijamente al chico, con ojos llenos de instinto asesino.

En respuesta a la energía mágica de Charl, Sigmund extendió las alas, aunque eran las de una paloma.

Sin embargo, ella no pudo hacer nada.

“En lugar de ir bajo tierra, deberías dirigirte hacia los edificios de la escuela. Las clases están a punto de comenzar después de todo, Señorita Ravena.”

Charl lucía como si la hubieran lanzado al fondo del abismo de la desesperanza mientras se retiraba con impotencia de la sala.

Una vez que se fue, el joven chico soltó una pequeña risa mientras alzaba la vista a su asistente.

“Parece que quieres decir algo, Shin.”

“… El que le dijo a Henriette a donde ir fue usted. Si el Raster Cannon hubiera sido un golpe directo, hubiéramos perdido a nuestra rehén. Entonces, ¿por qué hizo algo como eso?”

“Porque parecía una idea divertida.”

Shin se quedó en silencio. Dedicándole una expresión malhumorada al chico mientras éste bebía su té negro.

“No pongas esa cara. Sabía que Charlotte no podría atacar de otra manera más que esa. No había necesidad de preocuparse de que Henriette pereciera.”

“Pero las cosas que suceden bajo tierra están más allá de su control. En el peor de los escenarios, podría haber muerto por la caída.”

“Si pasó eso todo lo que necesitamos hacer es crear una nueva Henriette, ¿no?”

“… Eso es herejía de la cabeza a los pies. Se está volviendo perverso por completo, ¿no?”

“Gracias por el cumplido. Te regañaré luego.”

“… ¿De todas maneras en qué está pensando?”

“¿No lo entiendes? Si la Catedral de Tontos de verdad existe, ayudará a aumentar la investigación de la academia en un monto considerable. Vale la pena exponer su existencia, aun si implica un alto riesgo de exponer nuestros propios planes. Y ahora, ha aparecido de verdad.”

Una risa despreocupada se escapó de sus labios. Era una risita que sonaba como si proviniera de un ángel.

Shin miró el rostro sonriente de su amo con una mezcla de temor y asombro, lo que se convirtió en intoxicación.

“Necesito confirmar esto con mis propios ojos; cuán cerca está la academia del Simulacro de Dios. Parece que podría haber un extra inesperado allí abajo, así que no juegues cuando llegues allí, ¿ok?”

“Como desee.”

Shin hizo una reverencia, inmediatamente después se retiró de la sala.




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