Capítulo 3.2

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Raishin fue guiado a un espacio separado para uso exclusivo del comité disciplinario.

Era un área ubicada en el segundo piso del auditorio central. Había tres salones en total, la oficina del jefe del comité, un área de descanso, y una sala de reuniones. A pesar de reunir simplemente a estudiantes voluntarios, el comité disciplinario era una existencia importante a cargo de la defensa de la moral pública de la academia— por lo que eran tratados de manera favorable.

Abriendo la puerta de la oficina, Félix los escoltó al interior.

“Tomen asiento. Prepararé un poco de té.”

“Ah, por favor deja que Yaya se encargue.”

Félix se volvió hacia Raishin, para confirmar si él accedía a eso en verdad.

“Si ella dice que lo hará entonces déjala. Puedo asegurarte que es muy habilidosa.”

“De acuerdo, por favor.”

Entregándole el set de té, le explicó a Yaya de dónde obtener agua caliente. Habiendo recibido un halago de parte de Raishin, Yaya estaba muy emocionada, y se retiró de la sala con mucho entusiasmo.

Félix se sentó en frente de Raishin, con una sonrisa en su rostro.

“Primeramente, déjame darte la bienvenida. ¿Puedo considerar el hecho que estés aquí como tu interés por mi propuesta?”

“Sí. Si me ofrecerás un código de entrada, no puedo permitirme ignorar tu propuesta.”

“Entonces en otras palabras, mi estrategia fue exitosa.”

Se rió en broma. Raishin empezaba a cansarse de ver esa sonrisa inocente en su bonito rostro.

(Las verdaderas intenciones de este tipo son difíciles de interpretar…)

Mientras pensaba que era una persona con la que era difícil lidiar, Raishin fue directo al tema de la conversación.

“Entonces, ¿de quién es el código de entrada que me darás? ¿Supongo que no es el tuyo, no?”

“Si resolvemos con éxito el problema a mano, mi código de entrada no será más que un pequeño precio a pagar—“

Su rostro irradió una cegadora sonrisa que la hacía parecer que hubiera estrellas en el fondo emanando luz.

Casi inmediatamente después, las luces en el fondo se desvanecieron al tiempo que se encogía de hombros.

“Es algo que no puedo decir. Tengo cierto apego a obtener el Trono del Rey Mago.”

“Oír eso es un alivio. Al menos sé que eres honesto sobre ello.”

“Tu código de entrada lo patrocinará el comité ejecutivo de la Fiesta Vespertina. Mientras el comité disciplinario lo acepte, podemos enviar un referido al comité ejecutivo aprobando tu participación. Aunque francamente, incluso sin la recomendación— si te encargas de este incidente, te convertirás en alguien tan importante que el comité ejecutivo no será capaz de ignorar tu presencia.”

Su discurso era más como una predicción. ¿Su pedido era algo tan molesto? Esto se estaba haciendo enormemente sospechoso, pero por el otro lado a él le estaba interesando más, así que preguntó.

“¿Qué tendría que hacer?”

“Queremos que derrotes a un titiritero.”

Era una respuesta anticlimática. O mejor dicho, más que sentirse decepcionado, se preguntaba si Félix lo decía en serio.

Derrotar a un titiritero— algo como eso se daba por hecho, incluso si no se decía que era algo que él seguramente lo haría de todas maneras. ¿El comité de disciplina había designado específicamente un objetivo? Sin embargo, respecto al permiso para realizar tal acción…

Mientras seguía absorto en sus pensamientos, Yaya volvió con el té.

Mirando sospechosamente a los dos que se encontraban pensando profundamente, Yaya puso las tazas en la mesa.

Félix tomó una taza y se la llevó a los labios con elegancia. Raishin preguntó con impaciencia,

“¿De quién tengo que encargarme?”

“Cannibal Candy.”

Sin importar cuánto intentara ejercitar su memoria, no podría recordar un código de entrada como ese entre los participantes de la Fiesta Vespertina.

Félix movió la taza de té, y habló contento.

“Ciertamente tu autómata tiene habilidades. El té todavía conserva su aromático sabor.”

“¿Cannibal— quién es ese?”

“Sabes, en esta academia, cada año que pasa va desapareciendo gente.”

No se sentía como si estuviera esquivando la pregunta. Raishin esperó en silencio a que continuara.

“Muchos renuncian por motus propio. El currículum de la academia no es exactamente pan comido, y las personas que no pueden seguir el ritmo de las clases están destinadas quedarse en el camino eventualmente. Además, las cuotas de la matrícula no son baratas. Hay un sinnúmero de razones para querer renunciar.”

“No lo entiendo. Si quieren renunciar, sólo tienen que presentar una notificación de su renuncia—“

A medio camino, su boca se cerró. Incluso Raishin sabía la razón para no presentar una notificación.

“Exactamente, debido a circunstancias extenuantes están aquellos que no pueden presentar una notificación de renuncia.”

Como se trataba de la principal institución del mundo mágico, era difícil asistir a esta academia. Aquellos que tenían el cerebro y los recursos para ingresar por su cuenta estarán bien, pero aquellos que no contaban con ello, dependían de un patrocinador para asistir.

Fuerzas armadas de distintos países, varios conglomerados, organizaciones religiosas y sindicatos proveían el capital financiero requerido.

Renunciar a la escuela a mitad de camino era equivalente a una traición en los ojos de los patrocinadores.

No sólo tendrían que devolverles el préstamo, sino que también tendrían que pagarles una compensación como multa por romper el contrato—

El peor de los escenarios sería una penalización de por vida.

“Aquellos de ese grupo que renuncian no tienen más opción que caer en la clandestinidad. Algunos incluso manchan sus manos con crímenes y magia profana. La academia tiene una gran demanda de estudiantes— y obviamente, esa demanda no se detiene simplemente en lugares donde el sol brilla. De manera morbosa, los estudiantes de la academia conservan su valor incluso si están muertos.”

“… Así parece.”

El propio Raishin había formado parte de un clan que emprendió trabajos sucios similares a esos.

“Sin embargo, esta vez las cosas son ligeramente distintas.”

El tono de su voz cambió. Félix continuó de manera inusualmente seria.

“Desde Octubre pasado, es decir al comienzo del semestre, han desaparecido veintiséis personas— un aumento significante de los números. Aunque eso no es todo. Además tenemos doce casos donde encontramos autómatas que habían sido destruidos.”

“¿Destruidos?”

“Sí. Si fueran simples casos de desertores, no habría necesidad de destruir sus propios autómatas.”

Un autómata era el tesoro de un titiritero. No sólo era una herramienta de trueque, si ya no se lo necesitaba podrían venderlo.

No había razón alguna para destruirlos.

Si ése era el caso, entonces—

“Alguien los está atacando—”

“Hay una alta probabilidad de que ése sea el caso.”

“Espera un minuto… ¿le han dejado salirse con la suya hasta ahora?”

“Obviamente, no nos quedamos parados sin hacer nada. Estos pocos meses, implementamos ayuda y seguridad en el campus e incrementamos la cantidad de patrullas. Por supuesto, también lo hemos estado persiguiendo por nuestra cuenta.”

“¿Y los resultados?”

“Absolutamente nada. Recibimos declaraciones de testigos, pero había partes demasiado exageradas, y se ha convertido en una leyenda urbana en la ciudad. Es como la segunda venida de Jack, el Destripador. Aunque para ser exacto, lo que la academia llama Cannibal Candy tiene un antojo por los autómatas.”

“¿Antojo… dices?”

El cuerpo de Yaya se tensó visiblemente. Para una autómata femenina, la idea de que la atraparan y la devoraran le daba un cierto matiz que lo hacía espeluznante.

Félix dejó su taza, y habló con su usual sonrisa de nuevo presente en su rostro.

“Ahora bien, estoy seguro de que entiendes lo que trato de decir. Cannibal Candy es una seria amenaza para la academia— es alguien a quien tenemos que derrotar como sea. Un oponente que elevará tu perfil si lo derrotas.”

“¿Por qué me pides a mí que lo haga?”

“Hay dos razones. Primero, no hay manera de que tú seas Cannibal Candy.”

“¿Por qué estás tan seguro?”

“Todos los estudiantes y profesores son posibles sospechosos, incluso yo. Pero tú eres diferente. Apenas llegaste a esta academia hace unos pocos días.”

“… ¿Y la segunda razón?”

“Eres lo suficientemente fuerte.”

Era una declaración sin ninguna adulación por detrás. Lo dijo con total sinceridad.

“La fuerza del enemigo es equivalente a la de un miembro de las Rounds. Enviar a alguien común a cazarlo sólo tendría como resultado al cazador convertido en presa.”

“¿Por qué debería tomar tus palabras al pie de la letra? Después de todo, soy el Penúltimo.”

“¿Te gusta subestimarte, no?”

Félix rió entre dientes con ironía.

“Incluso con desventaja numérica, fuiste capaz de enviar a freír espárragos a varios estudiantes. ¿Lo sabías? Todos los estudiantes que venciste se estaban acercando al top cien. Los llamamos los Suplentes. La fuerza que poseen actualmente no es poca cosa.”

“Pero la diferencia entre las Rounds y los otros es como la distancia entre el cielo y la tierra. Mi objetivo es el Trono del Rey Mago— ganarles a ellos no tiene ningún sentido. Además—“

Los labios de Raishin se torcieron mientras hablaba sarcásticamente.

“¿Lo que en realidad tratas de decir es ‘Te daré un código de entrada así que deja crear más alborotos’, no?”

“Correcto.”

Félix ni siquiera se estremeció.

“Excepto que destruyas propiedades de la escuela, o lastimes a un transeúnte, no podemos tomar acciones contra las batallas personales de los estudiantes— aunque habiendo dicho eso, desde la perspectiva de alguien que tiene una obligación para proteger la moral pública, no puedo mantenerme al margen en silencio y ver cómo pones a prueba tu poder con la gente.”

“Así que estás lanzando un señuelo para domesticar al animal salvaje.”

“Prefiero llamarlo intercambio justo. Después de todo, esto no te quitará ventajas de ninguna manera.”

Esta vez, fue el turno de Raishin para reír entre dientes con ironía.

Con el fin de dominar su comportamiento destructivo, eligieron enviarlo a enfrentar a Cannibal Candy. Si Raishin ganaba, las cosas saldrían bien. Y si perdía, entonces no habría pérdidas respecto a la moral pública. A fin de cuentas, Félix era el único ganador.

“A estas alturas, ¿tienes alguna pregunta?”

“La Fiesta Vespertina tiene cien participantes. Si fuera a conseguir un código de entrada—“

“Obviamente, alguien tendrá que ser echado. Sin embargo—“

Félix todavía tenía una sonrisa en su rostro, pero habló como si de verdad estuviera descartando a alguien.

“En los doscientos años que se ha llevado a cabo la Fiesta Vespertina, nunca habido una instancia en la que los puestos 99 o 100 se hayan convertido en el Rey Mago. Aun si fuerzas a que alguien se retire, no afectaría a mucha gente.”

Él era más— no, exactamente tan imperturbable como Raishin pensó.

Debido a eso, Raishin sintió que podía confiar en él.

Inesperadamente, seguirle la corriente no sería una mala idea… justo mientras pensaba eso,

“¡Félix!”

Sin siquiera golpear a la puerta, alguien irrumpió en la oficina.

Con cabello hasta los hombros que se balanceaba dinámicamente, se trataba de una chica con lentes que lucía bastante inteligente. Tenía un aire aristocrático, y parecía finamente educada. Sin embargo comparada con Charl o Félix, no podía negarse que parecía un poco más simplona que ellos. Tenía una banda con la palabra ‘Censor’, y un guante blanco, lo que significaba que participaba en la Fiesta Vespertina.

En ese instante, los cinco sentidos de Raishin le gritaron que había algo extraño en ella.

… No obstante, antes de que pudiera confirmar que sus sentidos se estaban estremeciendo, la extraña sensación desapareció.

Al notar que había un visitante, la chica se detuvo sorprendida. Sus rígidos movimientos la hacían parecer una muñeca.

“Déjame presentarte, Raishin. Ella es Liz. Básicamente es mi confiable perro guardián.”

Recobrando el sentido, la chica se aclaró la garganta.

“Perdón por mi rudeza al entrar. Soy la asistente del jefe, Lisette Norden.”

“Akabane Raishin.”

Félix continuó con su actitud en broma.

“No es propio de ti que te encuentres tan nerviosa, Liz. ¿Acaso Cannibal Candy apareció o qué?”

“Sí.”

Respondiendo a su chiste con un rostro serio, pudo quitar la sonrisa del de Félix.

Siguiendo con la misma actitud seria, empezó a reportar el hecho con toda eficiencia.

“Un títere ‘devorado’ fue encontrado entre los árboles detrás del departamento de Vocaciones Técnicas. Parece que el ataque se produjo anoche.”

Félix suspiró, y con resignación volteó hacia Raishin.

“Hablando de un mal momento… o mejor dicho, ¿quizás debería decir que es el momento perfecto?”

Encogiéndose de hombros, palmeó sus muslos y se levantó.

“Vamos, Raishin. Es hora de ir a ver los restos.”




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