Capítulo 3.4

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Cerca del auditorio central, la oficina del doctor estaba ubicada dentro de la facultad de medicina.

La academia era considerada como la mejor institución de educación en Machinart en el mundo de las artes mágicas, pero dicho esto, sus estudiantes todavía eran miles. La oficina del doctor tenía varias salas de consulta, pero había sólo un doctor en ese puesto de allí de manera permanente.

En este momento, había una instructora de la academia vestida con una bata blanca, parada en frente de esa oficina.

No era necesario decir que esa señorita era Kimberly. Estaba cargando un maletín que parecía muy pesado.

Kimberly llamó a la puerta, y el ajetreo de actividad de adentro estuvo seguido inmediatamente por un silencio extraño.

(No me digas que… ¿llegué demasiado tarde?)

Dejando el maletín en el piso, Kimberly buscó en su bolsillo interno.

Sacando en silencio una daga, se preparó para patear la puerta e irrumpir… pero antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió desde adentro.

Una chica medio vestida emergió de la puerta anteriormente cerrada.

La parte superior de su cuerpo estaba desaliñada, y estaba sujetando su ropa interior sobre sus pechos en un intento por ocultarlos de la vista.

Al ver la figura de la estudiante mientras se retiraba en la distancia, Kimberly dejó escapar un largo suspiro. Dejando de lado la daga, levantó el pesado maletín, y entró a la oficina.

Había un doctor adentro, silbando inocentemente mientras reunía unos informes médicos.

Si fuera diez años más joven, sería considerado un joven apuesto. Lucía agotado, pero su atractivo estaba más o menos intacto. Anteojos de marcos negros adornaban su rostro, y su corbata estaba cómodamente ajustada en su cuello. Toda la apariencia desprendía una atmósfera escolar, pero definitivamente no era del tipo flor delicada. Su mirada era aguda, y tenía una intensidad terrible.

Kimberly le dedicó la más fría de las miradas.

“Tan incorregible como siempre, Doctor.”

“No, no, esto es un malentendido, Profesora. Obviamente la estaba tratando. Piénsalo un poco. Estamos en medio de clases ahora, ¿cierto? Necesitaba usar un estetoscopio, por lo que tuve que pedirle que se quite la parte de arriba.”

“Guárdatelo. No estoy aquí para interrogarte sobre tu vida privada. Pero, te aconsejo que no camines solo a la noche. Sería terrible que esa cosa que cuelga entre tus piernas fuera a quedarse dormida misteriosamente, ¿tengo razón?”

Su apuesto rostro se apagó, y cerró las piernas. Enfadado de alguna forma, miró a Kimberly.

“¡¿Si no estás aquí para fisgonear qué demonios quieres?! Estás arruinando mi diversión aquí. ¿Estás sufriendo dolores estomacales? ¿Calambres menstruales? Si estás padeciendo problemas menopáusicos te sugiero consultar a un doctor privado en algún lug—”

Whoosh, un par de tijeras en la mesa volaron hacia él.

Naturalmente, fue Kimberly quien la lanzó, rápido como un rayo y con gran destreza.

Rozó la frente del doctor y se incrustó en la pared.

“En verdad creo que deberías aguantarte tu inútil lengua por un momento, ¿no lo crees? ¿O quizás sería mejor si la corto?”

“… Me disculpo profundamente.”

“No te preocupes, terminaré pronto. Sólo quería tu opinión sobre algo.”

“¿Mi opinión?”

“Sobre Raishin Akabane.”

En el momento en que mencionó su nombre, la atmósfera de congeló instantáneamente.

Después de un momento, el doctor sacó un informe médico con una sonrisa fría en su rostro.

“Whew. Así que, finalmente llegamos a esto.”

“¿Finalmente?”

“Siempre pensé que el ejército, o la academia, o alguna agencia de inteligencia de algún lugar vendría a llamar tarde o temprano.”

“… ¿Por qué pensarías eso?”

“Bueno, la gente estaría interesada en el chico. Después de todo, ese alborotador humilló al heredero de los Kingsfort, logrando robar su Entrada a la Fiesta Vespertina. Debido a eso, Lord Walter ha perdido mucho prestigio. ¿No leíste el periódico de esta mañana?”

“Qué pregunta estúpida. Es mi hábito leer las noticias mientras bebo mi café cada mañana.”

“Heh. Pensar que la señorita que nunca antes escribió ni una carta de amor ha crecido tanto hasta convertirse en una espléndida mujer.”

El sonido del escalpelo incrustándose en la pared hizo que le bajara un escalofrió por la espalda.

Sudor frío empezó a caer de su frente.

“Vuelve al tema, por favor. ¿Has notado algo sobre el Segundo Último?”

Quitándose el sudor, el doctor miró fijamente a Kimberly, antes de suspirar en resignación.

“Sus heridas se curan muy lentamente.”

“Hm… Ahora que lo mencionas, él dijo lo mismo de sí mismo.”

“Tiene una hematopoyesis muy lenta, su división de células también es lenta, y su rango de absorción nutricional es malo.”

“… ¿Qué sucede con él?”

Levantando la mano para detener a la perpleja Kimberly, él continuó.

“Sin embargo, esto sólo es aplicable a los resultados de los primeros días en que estuvo aquí. Subsecuentemente su rango de recuperación fue normal. No, de hecho, si lo comparamos con todos los señores y señoritas estudiando en esta academia, su constitución en realidad es espléndida. Sus heridas se curan en frente de tus ojos.”

“… ¿En otras palabras?”

“Los resultados que estamos viendo ahora son su rango de referencia de recuperación. Es sólo después de una batalla que su rango de recuperación se ve afectado drásticamente. Parece que su “poder regenerativo” está siendo consumido por algo más. Así es- es como cobrar un recibo. Los recibos son algo atemorizante, ¿no Profesora?”

“No traigas a colación temas raros. ¿Cuál es tu diagnóstico?”

“Algo le está consumiendo su fuerza vital.”

“— algo como una autómata que necesita energía para repararse, ¿me equivoco?”

“Pensarlo así es natural. Pero, normalmente para eso uno usaría energía mágica. Usar energía vital para algo así sería totalmente raro.”

“En ese caso, ¿qué piensas?”

“No, no digo que estés equivocada. A menos que sea alguna clase de maldición por parte de alguien más, o una nueva clase de enfermedad de la que nunca antes había oído, la única respuesta es que su autómata le está drenando su energía vital.”

“Sin embargo… ¿Es posible algo como eso?”

“No le veo nada extraño. De hecho es prácticamente la norma. Si eres dueño de una Bandoll, claro está.”

Kimberly cerró la puerta en silencio, y se sentó en una silla.

“Dime los detalles. Ahora.”

Su interés se despertó. Quizás ella misma no fue consciente de ello, pero sus ojos estaban brillando con una luz misteriosa.

El doctor suspiró, y miró a Kimberly con lástima en sus ojos.

“Te estás entrometiendo en otro lío otra vez.”

Kimberly fingió ignorancia,

“¿De qué estás hablando?”

“Vi la tesis que escribiste para tu doctorado. ‘Aplicación práctica de Machinart con propósitos de guerra Anti-Máquinas’- un tema bastante directo.”

“¿Estás tratando de encontrar errores en mi tesis? Bueno, reflexionándolo ahora, supongo que de alguna manera le faltaba contenido, y algunas partes estaban burdamente escritas…”

“No me refiero a nada de eso. Te estoy diciendo que la tesis en sí misma era mala. Incluso como investigadora, hay líneas que no deberías cruzar. Cualquier que haya visto tu tesis lo entendió enseguida. Te estuviste metiendo en temas de investigación prohibidos.”

Estaba claro por la expresión en el rostro de Kimberly que no estaba interesada en su sermón.

Más todavía, el doctor estaba determinado a hacer que escuchara y continuó.

“El hecho de que te has convertido en profesora en la academia ya es un logro del que puedes estar orgullosa. Deberías eliminar esa línea de investigación cuestionable, y empezar a investigar por tu propia felicidad.”

“¿Y supongo que su felicidad es propasarse con las estudiantes?”

“Así es, nada más que eso, yo— No, basta de mí. Te estoy diciendo que salgas, recuperes y disfrutes de tu juventud, Amy.”

“Llámame Señorita Kimberly por favor, Doctor. La chica llamada Amy ya murió durante esa guerra. Además… es un poco desafortunado, pero ya no puedo terminar como una simple investigadora. Aun si eso era lo que quería.”

“… ¿A qué te refieres con eso?”

Kimberly levantó el maletín que estaba a sus pies, y lo apoyó de un golpe en la mesa.

Quitándole el seguro, lo abrió.

Dentro del maletín, empacado con fuerza de tal manera que no había la más mínima abertura, había montones de billetes.

La mandíbula del doctor cayó.

“Quiero que mantengas un ojo cerca de Raishin Akabane. Obviamente, esto será un acuerdo exclusivo entre nosotros dos. Y de aquí en adelante, puedes considerar esencialmente al gobierno Británico y a la academia como tus enemigos.”

Con una sonrisa malvada surgiendo en su rostro, Kimberly preguntó.

“Entonces, Doctor, ¿preferirías este dinero, o mejor te gustaría recibir una bala de francotirador como recompensa por tu cooperación?”

“… Esa es una pregunta estúpida, Profesora.”

El doctor se rió. Enfrentando la mirada aguda de Kimberly con la suya,

“Por supuesto que tomaré el dinero.”

Su melosa voz derramaba servilismo.




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