Capítulo 3.5

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El suelo en el que una vez se encontraban las ruinas de la torre del reloj estaba completamente limpio.

Los escombros, que estaban apilados, habían desaparecido por completo.

En su lugar había una cavidad con forma de tazón. Lucía exactamente como uno de los cráteres de la luna.

Ella escuchó que se había abierto un gran agujero, pero desde su ángulo era difícil confirmarlo. Frey estaba de puntas de pie y se inclinó tanto como pudo, antes de perder el equilibrio y tropezar.

Al área alrededor había sido acordonada con una soga, restringiendo el acceso a los estudiantes.

Había personal de seguridad en una fila armados, junto con sus autómatas. Como si no fuera suficiente, los miembros del comité disciplinario también habían concurrido a la escena. La seguridad era extremadamente alta, y todos estaban nerviosos.

“Oye, ¿pudiste confirmar el número de víctimas? ¿Cuántas personas fueron alcanzadas por eso?”

“Ni idea. ¿Cómo está el director? ¿Está vivo o muerto?”

“¿Es verdad que algunos estudiantes también quedaron atrapados en el estallido?”

“Yo los vi. Era un chico oriental, y creo que también vi caer a una chica.”

¿—Un oriental?

Frey se puso pálida, corriendo rápidamente hacia la soga.

Sin embargo, los presentes obviamente no la iban dejar pasar. Una estudiante se paró en su camino. La banda en su brazo tenía la palabra Censora. Era una miembro del comité disciplinario.

“No puedes ir más allá. Existe el riesgo de que el suelo experimente un segundo colapso.”

“Erm… Sólo por un momento…”

“No significa no.”

“…” Solloza.

“No te dejaré pasar, aunque llores. Esto es algo que decidió el comité de directores. No hay más vueltas que darle al asunto.”

Ahuyentándola ligeramente, Frey no tuvo otra opción más que retirarse.

Aunque en frente de ella, estaba alguien en sandalias bloqueando el camino.

Alzando la vista, vio que la persona tenía el mismo cabello color perla que ella, así como sus ojos rojos.

“Aquí hay gato encerrado.”

Su hermano menor, Loki, estaba parado allí con la ayuda de una muleta. Considerando que todavía estaba hospitalizado y que su tendón aún le ocasionaba problemas, le debe haber tomado mucho esfuerzo llegar hasta aquí.

Una mirada insatisfecha cruzó por su rostro, antes de que hablara con desdén.

“Tan pronto como le dan el alta se mete en problemas. Debe haber nacido bajo una estrella maldita. No te involucres con él, o su infortunio se esparcirá y te devorará a ti.”

Habiendo expresado despiadadamente su opinión, le dio la espalda a las ruinas de la torre del reloj. Al verlo alejarse con pasos inestables, Frey se preguntaba por qué él se había molestado en venir todo el camino hasta aquí, y pensó que era muy extraño.

“Raishin…”

Obviamente, no hubo nadie que le respondiera.

Al mismo tiempo, había un grupo de personas reunidas en medio de los árboles no muy lejos de la torre del reloj.

Escondidos detrás de los árboles, estaban observando de manera encubierta los restos de la torre del reloj.

Todos vestían mantos negros. Las capuchas y dobladillos tenían decoraciones con bordados dorados, haciendo que la prenda luciera preciosa. Tan lejos como el ojo podía ver, había cuatro sombras. Las cuatro no emanaban su presencia en absoluto, haciendo que fuera imposible detectarlos. No estaba la figura de ningún autómata cerca, pero no había dudas de que todos eran magos espléndidos.

Al verlos, Yaya retrocedió ligeramente. Si un autómata tuviera algo como un instinto, entonces Yaya estaba sintiendo miedo instintivo en este momento.

Junto a ella, Kimberly estaba apoyada contra un árbol. Aunque estaba usando su usual bata blanca, no había dudas de que Kimberly era una de ellos.

“Vaya, vaya, esa pequeña vándala marimacho sí que hizo algo divertido. Pensar que destruiría de verdad un monumento cultural con cientos de años de historia grabados en él. Y encima barrió los restos.”

Hubo una risa sarcástica. Arriba de ella, un hombre que estaba posado sobre una rama abrió silenciosamente la boca.

“Entonces ahora, ¿qué vas a hacer, camarada Nightingale— o debería decir, Profesora Kimberly?”

“Estoy pensándolo en este preciso momento, camarada Turtledove.”

Detrás de los dos, las otras tres sombras hablaron.

“El objetivo del enemigo está claro. Deberíamos movernos y proteger al director de inmediato.”

“Estoy de acuerdo con Crow. En este momento, no podemos permitir que el director muera. Además, será una buena oportunidad para confirmar la existencia de la Catedral de Tontos con nuestros propios ojos.”

“… Yo tampoco tengo objeciones hacia la sugerencia de Crow.”

“Por favor esperen. Si hacemos algo precipitado, corremos el riesgo de hacer que la Catedral se esfume, y eso sería un problema.”

Kimberly interrumpió de pronto, bloqueando a los tres que se inclinaban a accionar.

“Nuestro objetivo es simplemente observar y vigilar— Prevenimos que se filtre la información en torno a eso, pero no podemos detener el propio progreso. Si fuéramos a actuar ahora, hay una posibilidad de que terminemos alterando el destino en sí mismo.”

Los tres se quedaron en silencio. Las objeciones de Kimberly estaban bien fundamentadas.

El hombre llamado Turtledove habló otra vez, como si los estuviera representando.

“Nightingale. ¿Mencionaste que Segundo Último también desapareció?”

“Sí, debe haber nacido bajo una tremenda estrella desafortunada. Es un estudiante ignorante a cargo de mí, pero puede ser una persona de mente rápida y curiosamente perspicaz a veces. Sin falta él siempre estará en el medio de cualquier conmoción.”

“El único sobreviviente del clan Akabane… Podrá ser él de quien estaba hablando Padre…”

“Existe la posibilidad. Aunque parece un poco deficiente, si es él de verdad.”

“Entiendo. Aunque no puedo negar que este curso de acción es descuidado, debemos respetar las instrucciones de Padre. Con toda probabilidad recibiremos la orden de continuar observando en silencio.”

Miró alrededor. Los otros miembros asintieron.

“Nightingale. ¿Qué vas a hacer?”

“Alguien necesita quedarse a observar, ¿cierto? Si algo pasa dentro de la academia, lo reportaré tan pronto como suceda.”

Tras lo cual, establecieron su plan. Las sombras desaparecieron una tras otra. En silencio se desvanecieron, como si fueran fantasmas.

Al final Yaya no logró decir ni una palabra, sólo podía mirar como la discusión progresaba.

Una vez que los demás se fueron, Kimberly se relajó y soltó un suspiro de alivio.

“Estoy preocupada por ellos, pero primero salgamos de aquí. ¿Estás bien, Yaya?”

“S-Sí. Discúlpeme, ¿pero qué va a hacer sobre Raishin?”

“Dejémoslo por ahora. Sin embargo, no quiero pensar que estoy siendo desalmada. Una vez que él vuelva a la superficie, garantizaremos su seguridad. No vamos a dejarlo morir tan fácilmente.”

Mientras caminaba, Kimberly volteó sólo una vez.

“Si él de verdad es el chico que Padre predijo, seguramente no va a estirar la pata en un lugar como este… Entonces, vamos.”

Kimberly sonrió como un gato. Yaya no entendía de qué estaba hablando, desconcertada inclinó la cabeza ligeramente.




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