Capítulo 3.3

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La primera en notar la figura fue Yaya.

Estaban caminando a lo largo de un pequeño sendero que dirigía al departamento de vocaciones técnicas. Mientras avanzaban sin hablar, Yaya de repente reaccionó ante algo, y como un gato en estado de altera miró fija y sospechosamente.

Dentro de la tenue arboleda, una multitud de estudiantes empezaron a reunirse. En frente de ellos, una chica con un dragón sobre su cabeza estaba parada con una expresión gruñona en su rostro.

“Yo, Charl, Sigmund.”

Raishin los saludó con una voz amistosa… Sin embargo, la mirada reservada que le lanzó en su dirección pasó de largo, posándose en la figura de Félix quien estaba detrás.

“Así que también viniste, Charl.”

“Hubo una conmoción, así que…”

Charl contestó mientras bajaba la mirada.

No me ignores, pensó Raishin. Pero no era lo suficientemente infantil como para verbalizar ese pensamiento.

Félix se comportaba como siempre, con una sonrisa amistosa en su rostro.

“Llena de ardiente curiosidad, como siempre. ¿O debería decir que tienes buen oído?”

“N-No es algo tan inusual. Cannibal Candy ataca a la gente de manera indiscriminada— incluso alguien como yo corre riesgo. No es algo que pueda desestimar como un problema ajeno.”

“Haha, supongo que tienes razón. Discúlpame si te ofendí.”

Félix pasó por delante de Charl, y se metió en la arboleda con Liz acompañándolo. Saludando a los miembros del comité disciplinario a cargo de la situación, atravesó la arboleda.

Charl lucía desanimada luego de que Félix se retiró. Parecía como si se arrepintiera de que se hayan separado.

Al ver su actitud, incluso alguien tan desinteresado en el amor como Raishin podía darse cuenta instintivamente.

“¿Te gusta, no?”

“Qué— Eso— Yo—“

Se sonrojó tanto que era casi lamentable.

Ah, se está ruborizando.

Así que incluso ella puede poner esa clase de cara, pensó Raishin mientras se dejaba llevar por ese tren de pensamientos.

Charl lo tomó del cuello y le siseó con enojo en el oído, como si estuviera a punto de arrancárselo.

“¡No lo digas tan casualmente! ¡Esto no es para nada como esa emoción vulgar!”

“No tiene nada de vulgar. Enamorarse perdidamente de alguien es un fenómeno natural.”

“¡Te dije que te calles! ¡O quieres que te abra un agujero en el pecho!”

“Por aquí, Raishin.”

Félix lo llamó desde el lado opuesto de la multitud. Charl se apresuró a retirar sus manos, cubriendo sus acciones con una deshonesta risa. Raishin decidió no comentar, y caminó hacia Félix con Yaya detrás de sí, cuyo humor de repente mejoró.

A pocos pasos dentro de la arboleda, había una cuerda colgada con un letrero que tenía las palabras ‘No Entrar’ escritas en él. Los miembros del comité disciplinario se reunieron en el frente, haciendo guardia para prevenir que los testigos curiosos alboroten la escena.

Esto es casi como un homicidio, pensó Raishin para sí mismo al acercarse a la cuerda. Ese pensamiento no estaba del todo equivocado, porque lo que yacía en frente de él era—

Un cuerpo muerto, en todos los sentidos.

Charl dejó escapar un pequeño gemido. Raishin frunció el ceño reflexivamente.

La mitad superior del cuerpo había sido separada de la inferior.

La cavidad abdominal podía verse en una de las mitades del cuerpo. Como muchos mecanismos internos se habían construido y almacenado dentro, era como mirar el interior de un cuerpo humano. Ver los varios engranajes y cables saliendo del cuerpo era más perturbador que si se tratara de un humano real.

La mitad inferior de su rostro había sido aplastada, sin quedar signos de su forma original. Había algo similar a la sangre esparcido alrededor del cuerpo, dando la impresión de que alguna criatura se deleitó con él.

El detalle más sobresaliente que llamaba la atención sin embargo, era la curiosa herida.

Había un prolijo corte circular en el lugar donde debería encontrarse el corazón.

La marca era imposiblemente fina y brillosa, como si se trata de un dulce que se había disuelto a través de lamidas.

(Ya veo, así que de ahí proviene la palabra Candy del nombre…)

Cannibal por comerse a otros, y Candy por la marca. Combinar las dos palabras, era la manera perfecta de expresar sus peculiares cualidades en una simple frase.

Raishin se llevó el puño al mentón, inmerso en sus pensamientos.

Él antes había visto una marca similar en un lugar distinto.

(No podría ser, pero…)

Mirando rápidamente a Yaya, vio que estaba observando el cadáver, su rostro ligeramente pálido. —Parece que estaba un poco aterrorizada.

Raishin volvió la vista hacia Félix, buscando una confirmación de lo que él había notado.

“¿Falta el circuito mágico, no?”

“Ese es su Modus Operandi. Hasta ahora, siempre apuntó al corazón— arrancando infaliblemente una cierta parte del circuito mágico.”

“Déjame adivinar, ¿Cuándo dices arrancar te refieres a, comiéndolo, cierto?”

“Todavía no sabemos si ése sea el caso. Nadie lo ha visto en la escena en medio del acto.”

La ‘vida’ de un autómata surgía gracias al Corazón de Eva. Mientras que el Corazón de Eva se encuentre ileso, el autómata podía ser reconstruido. Sin mencionar que existían autómatas que se auto-reparaban. Si lo miras desde el lado contrario, incluso si el Corazón de Eva era la única parte destruida, efectivamente significaba una sentencia de muerte para ese autómata.

“… ¿De quién es esta autómata? ¿Qué le pasó al titiritero?”

Quien respondió no fue Félix, sino Lisette.

“Todavía estamos en el proceso de identificar al dueño. No obstante, basados en lo que sabemos de la situación hasta ahora, esta autómata blandía una maza— al igual que la autómata con la que luchaste y a la que derrotaste ayer.”

Probablemente tenga razón. Los pies quebrados de la autómata habían sido aplastados por una bola de hierro familiar.

Sin embargo— ¿no era eso un poco extraño?

“Oye, Charl. ¿Qué piensas—“

Tenía los labios fruncidos, los hombros le temblaban, y tenía la mirada perdida.

“¿Qué te sucede?”

Sin responderle, dio media vuelta, como si estuviera a punto de irse a algún lado.

Estaba actuando de manera extraña. Raishin la tomó del brazo, para detenerla.

“Oye. Espera.”

“Déjame. ¡Suéltame en este instante!”

“¿Planeas algo raro, no? Mira, actuar precipitadamente ahora no te llevará a ningún lado.”

“¡Sigmund!”

Hubo una transmisión de energía mágica. El pequeño dragón mostró los dientes y le mordió la mano a Raishin.

“¡Owwwwwwwww!”

Yaya entró en pánico y corrió hacia él, sosteniendo su mano con firmeza.

“¡Muéstrame la herida Raishin! ¡Creo que está sangrando!”

“¡Sólo quieres lamerla! ¡Aléjate!”

Mientras ambos seguían con su rutina cómica, Charl había desaparecido.

“… Se fue.”

“Es tan impulsiva como parece. Forzarla a demostrar autocontrol la irrita.”

Félix intervino.

“De manera similar, mi sangre está hirviendo.”

Aunque estaba sonriendo como siempre lo hacía— sus ojos tenían una luz acerada.

“¿Me prestarías tu poder, Raishin?”

Miró fijamente a Raishin. Sus ojos usualmente estaban entrecerrados, pero ahora los tenía abiertos de par en par. Raishin notó por primera vez que los ojos de Félix eran azul claro.

“No creo que mi fuerza sea tan poderosa como para prestársela a los demás…”

Raishin lucía preocupado, luego soltó una risa de auto-desprecio.

“Pero dadas mis circunstancias, necesito ese código de entrada.”

“¿Eso significa…?”

“Déjame pensarlo un poco más.”

“Por supuesto. Si vamos a trabajar juntos preferiría que lo hicieras por voluntad propia.”

Era similar a una predicción con confianza. Muy posiblemente, Félix había estado maniobrando a espaldas de Raishin y tenía información o entendía cosas que él no.

“Entonces dejémoslo aquí por hoy. Tengo asuntos que atender.”

Con un ‘Espero con ansias una respuesta favorable’, Félix volvió a la escena del crimen. La academia era autónoma en un alto grado, pero todavía era sujeto de autoridad policial. Sin embargo, mientras el crimen no fuera tan serio como un asesinato, la policía de la ciudad no interferirá. En vez de eso, el comité de disciplina se encargaba del patrullaje en la academia.

Aunque fuera a interrumpirlos ahora, nada útil saldría de ello. Raishin decidió volver al dormitorio en cambio.

Con Yaya detrás de él, se abrió paso por la multitud de testigos curiosos.

Abandonando la arboleda, empezó a caminar de regreso por el pequeño sendero, cuando de repente,

“Espera un minuto, Raishin Akabane.”

Alguien lo llamó desde atrás. No era Félix, sino su asistente, Lisette.

Acercando rígidamente su rostro al de él, le susurró al oído.

“Hay algo que deseo hablar contigo.”

“¿Es algo confidencial?”

“Sí. No es algo que pueda discutir abiertamente.”

“¿Tiene que ver con relaciones íntimas con el sexo opuesto?”

“Por favor, deja las estupideces para cuando te mueras. Ah, cometí un error. Lo que trataba de decir era— Por favor, muérete.”

“¿Exactamente dónde está el error en eso?”

“¡Raishin…! ¡¿Te excitaste porque te insultaron…?!”

“Y ahora tú estás cometiendo errores a varios niveles fundamentales, Yaya.”

Raishin miró a Lisette con ojo crítico.

Observando su delgada contextura e inteligente rostro, finalmente habló.

“Yaya, adelántate, luego te alcanzo.”

“¡—No! ¡Yaya también se quedará!”

“No te preocupes, sólo regresa al dormitorio. No será nada bueno si no podemos tener una discusión rápida, ¿cierto?”

Su tono infería que había algo que él quería que ella hiciera. Percatándose, Yaya asintió a regañadientes.

“:.. Entiendo.”

Los ojos de Yaya perdieron su luz. En una voz monótona, siguió hablando.

“Vuelve tan pronto como puedas… Antes de que el dormitorio quede hecho escombros…”

“Te prohíbo que hagas eso, ¿ok? No lo conviertas en escombros ni ruinas, ¿entendido?”

Luego de verla caminar arduamente, Raishin volvió a enfrentar a Lisette.

“De acuerdo, escuchémoslo. Este gran secreto tuyo.”

Asintiendo y dando su consentimiento, Lisette asumió el liderazgo y empezó a caminar por delante de él.




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