Capítulo 6.4

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En el pasillo afuera del consultorio, Yaya estaba sentada, decepcionada, en un banco.

Emitiendo lindos sonidos de respiración junto a ella, Frey estaba abrazando a Rabi, dormida. Ella estuvo esperando hasta que terminó la cirugía, pero apariciones consecutivas en la Fiesta Vespertina probablemente la habían agotado.

Raishin salió apresurado del consultorio. Yaya había escuchado la conversación que él tuvo con Henri. Como pensó, Raishin iba a intentar ir para allá.

Viéndola tan deprimida, el rostro de Raishin era como la pintura de la preocupación conforme se acercaba a ella.

“¿Qué sucede? ¿Estás herida?”

Era una pregunta superficial. Yaya se sintió aún más abatida mientras respondía,

“…Lo siento.”

“¿Tú también? ¿Por qué de repente todos se están disculpando sin ninguna razón? ¿Es alguna clase de moda pasajera?”

“¡Pero hay una buena razón! Yaya no fue capaz de proteger a Raishin… y entonces sufriste esas lesiones…”

Había estado preocupada e impaciente todo este tiempo, pero no había entrado. Quizás pensaba que había perdido el derecho, o que no estaba calificada para seguir permaneciendo a su lado.

Raishin dulcemente posó su mano sobre la cabeza de Yaya quien lloraba.

“Idiota. Esa es mi frase. Tu hermoso rostro se lastimó, y todo lo que pude hacer fue mirar incapaz de evitarlo.”

“Raishin…”

“Perdóname, Yaya. Siempre te estoy causando problemas.”

Una sensación cálida surgió dentro del pecho de Yaya.

Sentía que podía hacer cualquier cosa por él. Incluso algo como hacer posible lo imposible.

“Sin embargo, nosotros un par de idiotas gruñones vamos a rescatar a esa dragonesa aterradora.”

“Pero… ¿qué hay de Henri?”

Mientras se iban, ¿quién dijo que el enemigo no se escabulliría y la raptaría?

“Uu… Déjenmelo a mí.”

Yaya se sobresaltó por la repentina interrupción.

Ellos no estaban seguros de cuán exactamente se había despertado ella, pero Frey estaba erguida ahora, golpeando su pecho con confianza.

“Frey… ¿estás segura de que estarás bien?”

“Sí. Nosotros nos quedaremos a su lado.”

“…Ok. Entonces lo dejo en tus manos.”

Ella había hecho énfasis en la palabra ‘nosotros’. ¿Se estaba refiriendo a los autómatas Garm? ¿O quizás…?

Raishin pensó profundamente en algo, luego le hizo una pregunta a Frey.

“Oye. ¿Tus perros pueden hacer algo como esto?”

Mientras gesticulaba, él preguntó acerca de sus funciones.

Escuchando el plan de Raishin, Frey asintió rápidamente.

“Sí… Pueden.”

“¿Escucharán mis órdenes?”

“Riviera debería hacerlo. Es inteligente y no le teme a los extraños…”

“¿Entonces puedo llevarla conmigo?”

“Uu… ¿prometes que no cometerás ninguna bestialidad?”

“¡Por supuesto que no! ¡¿Qué tan pervertido piensas que soy?!”

Frey pronunció su nombre, y una collie salió del consultorio.

Mientras acariciaba su cabeza, Frey le habló a la perra. Aunque se supone que no tenían inteligencia, la collie parecía entender lo que Frey le estaba diciendo, y eventualmente alzó la vista hacia Raishin, moviendo la cola, contenta. Parece que estaba dispuesta a ayudarlos.

“Llevémonos bien, Riviera. — ¡Ok, es hora de ir, Yaya!”

“¡Claro!”

Con Yaya y la collie por detrás, Raishin salió apresurado por la entrada..

La oscuridad era débil. Las aves madrugadoras habían empezado a piar. Estaba a punto de amanecer.

En medio de la neblina matutina, había una sombra de pie en frente de ellos.

Era una mujer que destellaba con el brillo de las estrellas de la noche. Su figura vestida con un kimono era cautivadora, y su parche tenía su lente distintiva.

Si esta mujer llegara a ser su enemiga, sería un caso muy especial incluso para Yaya, quien normalmente no le temía ni a Dios ni a Buda.

“Shouko…”

La voz de Raishin se tensó. Yaya se detuvo por completo, y miró aprensivamente hacia abajo.

Shouko estaba sola. Más sorprendente era que no había traído a su usual guardaespaldas, Irori, considerando la hora y el lugar en el que ella se encontraba ahora.

Tenía una botella blanca de sake en su mano, y su rostro estaba ligeramente sonrojado.

Shouko bebió más sake, luego se limpió los labios con su muñeca. Era una acción ordinaria perteneciente a un rufián, por lo que ver a Shouko hacer algo así era inquietante.

Sin embargo, él no tuvo tiempo para comprender por completo lo que acababa de ver. Shouko golpeó la botella contra el piso, haciendo que quedara echa pedazos.

El intenso estallido provocó que Yaya y Riviera se tensaran involuntariamente.

“Pensé que sólo eras un ignorante, pero no pensé que eras un tonto, chico.”

Un terrible silencio descendió. El aire era frío al punto de ser congelante. La cola de Riviera se escondió entre sus patas, y empezó a gemir con lástima.

“¿Quieres saber cómo mejorar mi humor?”

“…Sí.”

“Voy a decir esto sólo una vez. El camino frente a ustedes se divide en dos rutas, chico. Puedes elegir volver a la cama ahora e ir a dormir obedientemente, o yo misma te pondré a dormir.”

“…Lo siento, pero tengo que rechazar ambas.”

“¿Te atreves a desafiarme?”

Hubo un destello en el ojo de Shouko. Eso solo fue suficiente para que Yaya se postrara en el suelo.

Aunque Raishin no mostró ni un ápice de miedo mientras le devolvía la mirada a Shouko.

“No hay nada peor en este mundo que un canalla que muerde la mano que lo alimenta.”

“…Lo siento.”

“¡Yaya!”

Al escuchar su nombre, Yaya se encogió del miedo.

La voz de Shouko fue baja, pero no dejaba lugar a debate.

“Ven aquí.”

“P-Pero…”

“¡Ahora!”

El corazón de Yaya latió más rápido. Se puso pálida, y sus piernas parecían perder fuerza.

Lucía como si estuviera a punto de colapsar en cualquier momento, pero aun así—

“Lo… s-siento… Shouko…”

Poniendo su corazón y su alma en ello, Yaya fortaleció su fuerza de voluntad y logró soltar esas palabras mientras temblaba.

“Pero… Yaya… quiere ser… la fuerza… de Raishin…”

Enojo empezó a surgir en el ojo de Shouko, acompañado del sonido de su geta golpeando el suelo.

Clack, clack. Shouko se estaba acercando al dúo y—

Un momento después, la mejilla de Raishin se inflamó.

“…Nunca más me muestres ese rostro de nuevo, chico.”

Yaya no pudo ver qué cara puso Shoujo al decir eso.

Con su cabello revoloteando con el viento, Shouko les dio la espalda y se alejó caminando. Raishin se quedó absolutamente inmóvil, como un espantapájaros, mientras la figura de Shouko se perdía gradualmente en la neblina y eventualmente desapareció.

“Raishin… Shouko… puede ser un poco fría a veces…”

Yaya trató cautelosamente de consolas a la persona que ella estimaba.

“Si fuera algo en lo que ella hubiera perdido realmente la esperanza, no habría venido y hecho algo como eso…”

“…Sí, lo sé.”

Raishin frotó la parte de su mejilla que había sido bofeteada, mirando fijamente a la neblina mientras hablaba.

“Después de todo, me gustaría evitar que Shouko se preocupe si fuera posible. Sin embargo, luego de ver el aprieto de esas dos hermanas sin remedio, no puedo abandonarlas ahora.”

“Raishin…”

“Entonces ahora, supongo que podemos tomarnos las cosas con un poco de calma.”

Sus dientes blancos, Raishin sonrió.

Su sonrisa parecía calmar la tensión que Yaya estaba cargando, por lo que Yaya fue capaz de responder con su actitud normal.

“¿Cómo puedes estar tan despreocupado a pesar de que te acaban de regañar?”

“Comparado con ser regañado luego, esto no es nada. ¡Ahora vamos, lo peor que puede pasar ahora es un regaño de Shouko de buen humor, así que ya no tenemos que contenernos más!”

“— ¡Claro!”

Yaya pidió un deseo sincero desde las profundidades de su ser.

Quiero ser su fuerza.

Quiero ser su escudo y su espada.

Con su determinación integrada firmemente en su corazón, Yaya siguió a Raishin, con Riviera por detrás.

 

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