Capítulo 4.3

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El rostro de Yaya se puso terriblemente pálido mientras los veía irse a los dos tomados de la mano.

El árbol sobre el que se estaba apoyando soltó un crujido. Al momento siguiente, destrozó el árbol como si estuviera hecho de tofu, partiéndolo en dos.

Tambaleándose como un zombie, se abrió paso hacia la entrada.

“Espera, Yaya.”

Mordiéndole su cabello negro, Sigmund la detuvo.

“Suéltame. ¡Suéltame!”

“¿Lo olvidaste? Los autómatas de la academia no pueden aventurarse hacia la ciudad.”

Él asintió con la cabeza en la dirección de las entradas como de prisión.

“Mira. La seguridad del campus ya se está enfocando en ti.”

Como dijo, había cosas resplandeciendo a través de las mirillas.

Era el frío resplandor del acero. Era obvio que ya habían puesto la mira en ella.

“He oído que la seguridad del campus aquí tiene algunos graduados en su nómina. Por lo que no sólo tendrías que enfrentar rifles, sino también titiriteros. Puedo asegurarte que terminarás siendo destruida.”

“Pero…”

“Piénsalo cuidadosamente. Si causas un alboroto aquí, sólo le causarás problemas a tu amo.”

Era un golpe más efectivo que una bala de verdad.

Yaya se estremeció, y se sentó en el suelo.

Con ambas manos cubriéndose los ojos, empezó a sollozar.

“No llores. ¿Por qué no tienes un poco más de fe en tu amo?”

“Uu… ¿Fe…?”

“He vivido por unos 150 años. He visto a muchos hombres en ese tiempo, y puedo decirte que no hubo ni una pizca de lujuria en sus ojos. No intentará nada con Charl.”

“… ¿En serio?”

“Aunque los hombres de esa edad son bastante promiscuos— es un hecho de la vida.”

Yaya empezó a llorar otra vez. Extrañamente, sus lágrimas parecían cristalizarse en un parpadeo, cayendo a la tierra con un tintineo.

“Oh, cielos… la manera en que actúas significa que esto se encuentra en un nivel completamente distinto, más allá que simple fidelidad a ti, ¿huh?”

Sigmund estaba perplejo. Aterrizando en frente de ella, empezó a hablar como si estuviera dándole un sermón a un principiante.

“Somos diferentes a los humanos. Aunque luzcas igual, tengas las mismas funciones, y las diferencias sean tan pequeñas como sea posible— no cambia el hecho de que nunca serás una humana.”

“Yaya… ya sabe eso…”

“Los autómatas funcionan con un circuito de energía alimentado por quienes los controlan. Podría decirse que la relación entre ambos es como una madre y su hijo. Es natural que los autómatas le tomen cariño a sus dueños… pero creo que tú estás yendo demasiado lejos. ¿Por qué eres tan persistente cuando se trata de él?”

“Eso… bueno… e-es algo que no puedo decir.”

Moviéndose nerviosamente por la vergüenza, empezó a trazar círculos en el suelo. Esa acción era muy humana.

“¿Tiene algo que ver con su objetivo?”

“Eso es…”

“¿Quién es él exactamente? ¿Por qué tiene esa fijación con la Fiesta Vespertina?”

“Bueno…”

“Atacarnos no era su verdadera intención. Pero si estaba dispuesto a ir tan lejos, significa que debe haber una razón por la que está obsesionado con la Fiesta Vespertina. ¿Cuál es? No parece que estuviera motivado por ambición o egoísmo.”

“No puedo entrar en detalles, pero…”

Titubeó por un segundo. Entonces murmuró solemnemente.

“Raishin quiere vengarse.”

“… Hm. De cualquier forma, ambos nos quedamos sin nuestros amos.”

Ondeando las alas, Sigmund se posó sobre la cabeza de Yaya.

“Eso significa que debemos estar alerta por si aparece Cannibal Candy, o sino—”

“Eh—”

Mientras la oscuridad de la noche a su alrededor de repente aumentó, los ojos de Sigmund se iluminaron como los de un gato.




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