Auto Pregunta – “¿Debería Darles el Infierno?”

–El mundo estaba repleto de basura. Kamiya Ayaka creía esto.

Lo mismo cuando veía las noticias por la mañana. Lo mismo cuando pasaba a través de muchedumbres en las calles. Lo mismo cuando escuchaba música pop. Lo mismo cuando charlaba con compañeros de clase. Lo mismo cuando asistía a clases seriamente. Lo mismo cuando rechazaba invitaciones de amigos. Lo mismo cuando demostraba sonrisas amistosas.

*–Suspiro*, qué aburrido. Ayaka se quejó en su corazón.

Lo que inició este sentimiento en el corazón de Ayaka ocurrió hace cinco años.

Cuando estaba en tercer grado, toda la clase abusaba de ella.

Ayaka no sabía por qué. Quizás no hubo un por qué para empezar.

Si tuviera que suponer, Ayaka era más linda que las personas a su alrededor, era buena estudiando y muy popular con los chicos, y los profesores confiaban en ella. Quizás esta sensación de perfección era lo que incitaba celos en los corazones de muchos de sus compañeros de clase (la mayoría chicas). Quizás disfrutaban en un sentido de regocijo y superioridad al ver a la perfecta Ayaka en un estado trágico.

Un poco antes de los incidentes de bullying, Ayaka había rechazado la confesión del chico más popular de la clase en aquel entonces. En ese momento, alguien había dicho que la chica más influyente en la clase (superficial, competitiva, y fanfarrona, completamente lo opuesto de Ayaka) estaba enamorada de ese chico, pero Ayaka no podía recordar más con claridad. Ayaka ya no sabía de quién lo escuchó.

Pero para el momento en que se dio cuenta, sus zapatos de interiores habían sido desechados…

Comenzando con ese incidente, Ayaka fue rechazada del círculo conocido como clase.

Una chica que Ayaka originalmente consideraba una amiga lanzó la ropa de gimnasia de Ayaka al inodoro, y luego actuaba como si fueran desconocidas al siguiente día. Su relación con las chicas quienes pensaba que eran sus mejores amigas gradualmente se deterioró, llegando pronto al punto de no ser distintas a desconocidas. Quizás porque temían desagradarles a las otras chicas, los chicos empeoraron el bullying sobre Ayaka. La profesora no intervino y lo ignoró.

–Nadie protegía a Ayaka.

Aun así, Ayaka fingía que todo era normal cuando regresaba a casa, sonriendo. Tanto que no deseaba que su familia se preocupara innecesariamente, por el otro lado, también tenía miedo. Tenía miedo de que su padre, madre e incluso su hermano puedan cambiar de repente sus actitudes hacia ella, igual que aquellas personas en la escuela… si descubrían que estaba sufriendo abusos.

Pero un día–

Cierta mañana dos meses después de que comenzaron los abusos…

Ayaka estaba usando zapatos casuales porque sus zapatos para interiores no estaban. Justo cuando ella había borrado un grafiti sobre el escritorio, el Kyousuke de quinto grado llegó de pronto al salón del tercer grado. Y entonces gritó con firme furia:

“¡Todos ustedes bastardos, enfréntenme a mí ahora!”

Y como una tormenta, antes de los profesores pudieran venir luego de recibir las noticias, interrogó a los compañeros de Ayaka uno por uno.

¿–Quién es el hijo de puta que molestó a mi hermana?

Desde entonces, los abusos contra Ayaka disminuyeron. Aunque algunas personas estaban enfadadas con Kyousuke y querían venganza, todos terminaron derrotados y llorando del dolor. Obviamente los de sexto año no eran rivales, pero incluso sus amigos de secundaria fueron derrotados completamente por Kyousuke. En consecuencia, nadie se atrevió a oponerse a Kyousuke o a abusar de Ayaka durante sus días en la primaria.

Nadie se atrevió a acercar a Ayaka tampoco…

–Sin embargo, a Ayaka no le importó.

En su corazón, su hermano no era un niño problema que le gustaba armar peleas, sino el salvador y el héroe que la había rescatado. Ayaka trataba a Kyousuke aún mejor que antes, ya sea dentro o afuera de la casa, y los dos pasaban más tiempo juntos a solas.

Pero como la mala fama de Kyousuke se esparció afuera de la escuela, con frecuencia ella también se encontraba con peligros en las calles, pero cada vez, su hermano la protegía. Quién sabe cuántas veces, él la salvaba una y otra vez.

Por eso, ella estaba bien aunque estuvieran los dos solos–O mejor dicho, que estuvieran los dos juntos ya era suficiente.

La solitaria hermana deseaba a Kyousuke y el aislado hermano necesitaba a Ayaka.

Eso era todo. El mundo ya era perfecto.

Por eso, no eran necesarias cosas redundantes.

Luego de ingresar a una secundaria privada, muchas personas se reunieron alrededor de Ayaka y fue capaz de hacer amigos, pero estas eran conexiones básicamente superficiales. Estas relaciones era simple lubricación social para la vida escolar. Ayaka no quería profundizarlas, ni tampoco dejó que ellos las profundizaran.

No eran más que basura que podía barrerse de una sola vez si así lo quisiera ella. Totalmente inútil.

En la primaria, Ayaka ya lo había decidido. Este mundo no era nada más que un producto conveniente y desechable. Ya fueran las personas que a ella le agradaban o las cosas que le gustaban, ningún cambio iba a detener la rotación del mundo.

Para Ayaka, sólo una cosa era irremplazable.

Kyousuke. Sólo Kyousuke. El que nunca la abandonará, nunca traicionará a Ayaka sin importar qué.

Porque Kyousuke siempre había estado defendiendo a Ayaka, protegiendo a Ayaka, ayudando a Ayaka, cuidando a Ayaka, amando a Ayaka.

En el corazón de Ayaka, Kyousuke no era basura ordinaria sino un tesoro precioso.

–Sin embargo.

“*Sollozo, sollozo… Sollozo, sollozo, sollozo… ¡Sollozo, sollozo, sollozo, sollozo, sollozo, sollozo, sollozo, sollozo~~~~~~!*”

En un rincón desierto de la escuela, Ayaka se abrazaba las rodillas mientras lloraba.

Antes de que saliera corriendo del salón, las rugientes palabras de Kyousuke, su mirada hacia ella, todo eso estaba ocupando su mente firmemente, era imposible de disipar. Sus lágrimas que se derramaban eran como sangre goteando de una herida abierta.

Un agujero abierto en su corazón roto. La inquietud y la desesperanza sin fondo eran como si se hubiera caído a una oscuridad sin fin.

A pesar del hecho de que se había dado cuenta en cierto punto, el mundo se estaba alejando rápidamente de ella.

“*Sollozo, sollozo…* ¿Por qué? Por qué pasó esto, Onii-chan…”

Recordó cómo se había transferido a esta escuela, para ver a Kyousuke otra vez.

El Kyousuke que la había regañado en lugar de mostrar alegría luego de ver su rostro.

El Kyousuke que estaba experimentando una vida escolar feliz, rodeado de un montón de chicas.

El Kyousuke que siempre pasaba tiempo con otras chicas por su lado en lugar de estar a solas con Ayaka.

El Kyousuke que siempre priorizaba los sentimientos de los demás, tratando los sentimientos de Ayaka como basura.

El Kyousuke que se estaba besando con otras chicas, ocultándole las cosas furtivamente a Ayaka.

El Kyousuke que comentó “delicioso” como si fuera lo más natural del mundo cuando probó la comida de otras chicas.

El Kyousuke que miró fijo a Ayaka, rugiendo sin piedad.

Todo eso no pertenecía al Kyousuke que Ayaka conocía muy bien.

Durante los días que estuvieron separados, ¿su hermano se había convertido en alguien distinto del hermano original…?

“…No. No es así. Lo que cambió a Onii-chan no fue el tiempo–”

–Fueron esas putas.

Esas homicidas que se acercaron a Kyousuke.

Deben haber sido esas putas que engañaron a Kyousuke, hechizándolo, convirtiéndolo en alguien anormal.

Deben haber sido esas putas que mancillaron el tesoro más importante de Ayaka, dejando marcas sobre el tesoro, profanándolo.

–Eso es. ¡Eso es, eso es, eso es, eso es, eso es, eso es, eso es, eso es, eso es!

Pensándolo mejor, Ayaka concluyó que las ocasiones en que Kyousuke actuó extraño siempre estaba relacionado con ese grupo de chicas.

Debido a su notorio nombre, básicamente nadie se acercaba a Kyousuke, por lo que era débil con el sexo opuesto por la falta de exposición. Pero aquí en esta escuela, era popular con el otro sexo, admirado por los habitantes.

El inocente e ingenuo Kyousuke definitivamente fue hechizado.

Lógicamente, Kyousuke había perdido la dirección, envenenado por esas sucias cerdas.

Como estaba pensando anormalmente, fue por eso que le dijo cosas tan feas a Ayaka, fue por eso que miró con esos aterrantes ojos a Ayaka. Esas cerdas estaban tramando desde las sombras hacer que Kyousuke deje de proteger a Ayaka y que sólo se preocupe por esas cerdas.

–Justo lo que uno esperaría. Excepto por eso, no se le ocurría ninguna otra razón.

“……Tengo que rescatarlo.”

La inquietud y desesperanza que estaban dominando a Ayaka desaparecieron sin rastro mientras una sensación de misión surgió en su corazón.

En el pasado, Ayaka siempre era rescatada por Kyousuke.

Por eso, ahora era su turno. Era su turno para ayudar y rescatar a su hermano.

¿–Pero cómo?

¿No era obvio?

Kusukusu… Kusukusukusu… Kusukusukusukusu…

Ayaka no pudo evitar estallar en risas. Su humor pasó del peor absoluto al rebosar de alegría.

Tan pronto como pensaba en qué iba a hacer, tan pronto como pensaba en cómo iba a rescatar a Kyousuke de esta manera, sentía que se estaba sumergiendo en felicidad.

Ayaka solía ser una princesa débil, siempre una damisela en apuros esperando a que su salvador la rescatara.

Pero eso había cambiado, empezando desde ahora. El pasado quedó atrás.

Mientras pueda rescatar a Kyousuke, ella será capaz de rivalizar con los héroes.

Para convertirse en una heroína y salvadora para su hermano.

–Por eso.

“…Sólo espera, ¿okey? Ayaka rescatará a Onii-chan. Ayaka no puede dejar que esas cerdas sigan manchando a Onii-chan. ¡Absolutamente, absolutamente no más suciedad!”

Ayaka selló su decisión y apretó su puño con fuerza.

Limpiándose las lágrimas, de repente alzó la vista. Instantáneamente…

“Esa es una grandiosa mirada en tu rostro.”

Una figura apareció en el campo de visión de Ayaka.

¿Cuándo fue que llegó? Cierta persona estaba de pie frente a ella.

Mirando a Ayaka, esos ojos emitieron una feroz pero gentil luz.

“……Ah.”

Mientras Ayaka estaba aturdida, la figura se echó a reír.

Sonriendo, la figura extendió una mano.

“¿Me permites ayudar a actualizar los deseos de tu corazón?”

Esta mano era la esperanza en sí misma, la misma mano que había sacado a Ayaka de la desesperanza hace tres meses…

“–Sí.”

Ayaka tomó esa mano sin titubear.

 

Traductor al Inglés: Anónimo (Baka-Tsuki)
Traductor al Español: nahucirujano
Corrección: Sin corrección.

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