Capítulo 1.3

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“¡Oye, tienes que ver esto! ¡Un estudiante extranjero retó a T-Rex a una pelea!”

“¡¿Qué?! ¿De dónde es? ¿Qué clase de idiotas crían allí?”

“Japón. Es un idiota de Japón.”

“¿Japón? ¿Es la princesa del estilo Izanagi?” (5)

“No, es un tipo nuevo que llegó hace dos días.”

“¿Qué está haciendo un tipo nuevo con la T-Rex? ¿Ella estará buscando una pelea?”

“No, parece que el que empezó todo fue el tipo. Aparentemente quiere su código de entrada.”

“Y de todas las personas a quienes retar, eligió a la T-Rex… ¿Es un suicida o qué?”

“No lo creo. Míralo, luce confiado.”

“¿Es tan fuerte? ¿Cuál es su ranking?”

Naturalmente, la atención de los estudiantes se posó en él.

Raishin se sentía incómodo por dentro, pero mostraba una mirada relajada en su rostro, ignorando las miradas que los demás le estaban dedicando, las cuales eran una mezcla de rareza, desdén e incluso tristeza.

“Siempre aumentan en número cada vez la primavera llega.”

Charl soltó esas palabras mientras el dragón se posaba en su brazo.

“El número de idiotas que no conoce su lugar, claro está.”

“Podré ser un idiota, pero al menos conozco mi lugar.”

“¿Oh, en verdad? ¿Cuál crees que es entonces?”

“Estoy en el puesto 1235.”

Estallaron risas a su alrededor. Una avergonzada Yaya miró fijamente a los culpables, pero el rostro de Raishin se mantuvo relajado, sin responder a las risas.

Por el otro lado, Charl estaba atónita. Boquiabierta dijo,

“Estoy sorprendida. Eres un idiota de verdad. El idiota de los idiotas. Un idiota que está por encima de todos los demás idiotas. Tu idiotez brilla como un faro. ¿Dijiste que estás en el puesto 1235? Cómo puedes esperar ganarme con un grado como ese…”

Se detuvo.

La expresión de Raishin seguía más calmada que nunca de cara a su burla.

“Adelante, ríete. Honestamente, mis habilidades como titiritero son como mucho de tercera. Si me comparadas con la muchedumbre a nuestro alrededor, estoy seguro que verás que poseo menos conocimiento y menos poder. Sin embargo, hay una cosa que me diferencia del resto.”

“… ¿Y cuál es?”

“Nunca me he rendido antes de empezar.”

Las risas se apagaron.

Charl miró alrededor, y todos apartaron sus ojos con un gusto amargo en sus bocas.

Él tenía razón— La mayoría de ellos no podían participar en la Fiesta Vespertina

Y aun así, todo lo que hacían era mirar en silencio.

Todos estos perdedores que admitían la derrota antes de una pelea, claro está.

“… Hmph, al menos elogiaré tu admirable determinación. O quizás, ¿eres muy lento para entender?”

“Debes estar bromeando. Soy muy sutil cuando se trata de captar sentimientos.”

“Entonces eres lento de verdad. Un lerdo. Apuesto que eres del tipo lento y vago.”

“¡¿Entiendes siquiera el significado de lo que acabas de decir?! ¡Una señorita de tu edad no debería decir algo tan desconsiderado!”

“¡Así es! ¡En todo caso, Raishin lo hace muy rápido!”

“¡Tú cállate! ¡¿Cómo puedes saber algo como eso de todas maneras?!”

Raishin rápidamente silenció a Yaya. Sin embargo era demasiado tarde, ya que Charl frunció notablemente el ceño.

“¿No sólo eres un idiota, sino que eres un pervertido que tontea con su muñeca? ¡Eres la peor clase de pervertido, bicho lascivo!”

La frialdad en sus ojos alcanzaba el cero absoluto mientras le dedicada una mirada de disgusto. Era como si estuviera mirando una cucaracha.

Raishin sintió una inmensa depresión acercándose. Todo lo que quería hacer era acurrucarse en la esquina de una habitación a oscuras y abrazarse las rodillas. Desafortunadamente, no estaba en posición de hacerlo en ese momento.

“No seas suave con los pervertidos. Aplastémoslo con todo nuestro poder, Sigmund.”

“De acuerdo.”

En ese instante, el dragón (que parecía llamarse Sigmund) soltó un rugido.

Aunque su figura era la de una pequeña criatura, empezó a transformarse frente a los ojos de Raishin. Una neblina negra— como alguna clase de oscuridad perteneciente a su verdadero cuerpo— comenzó a envolver a Sigmund; extremidades, garras y alas se formaron.

Finalmente la neblina se disipó, revelando la silueta de un dragón gigante.

Un dragón gigante que tenía tres metros de alto y ocho metros de largo.

No sólo había crecido en tamaño. Al crecer, su fuerza también se incrementó proporcionalmente. Era como ver a un dragón bebé madurar hasta llegar a adulto.

(¿Su masa también se había incrementado…?)

Raishin miraba asombrado. Había visto autómatas que podían transformarse, pero esta era la primera vez que veía un autómata que podía incrementar su tamaño. Se preguntaba dónde almacenaría la masa extra normalmente cuando el dragón tenía la forma regular. ¿Quizás estaba guardada en alguna clase de circuito funcionando dentro de él? Muchos pensamientos corrían por la cabeza de Raishin.

Un rayo de luz podía verse titilando en la mandíbula del dragón, semejante a una lengua.

Sigmund rugió, y la atmósfera misma tembló, provocando una violenta ráfaga de viento. Charl aún no activaba el circuito mágico, y el propio cuerpo de Sigmund ya demostraba una cantidad tremenda de poder.

Era una fuerza abrumadora. Sus instintos le decían que era un gran oponente.

Sin embargo, eso era algo que él ya sabía. Raishin sonrió ligeramente, concentrando su energía mágica.

“De acuerdo, mostrémosles qué tenemos, Yaya. Suimei Nijuuyon—“

“¡Raishin!”

Aun sin su advertencia, él ya lo había notado. En un instante, se quitó del camino, arrojándose hacia un lado. Yaya saltó hacia la dirección opuesta, evadiendo el objeto.

Una gran bola de hierro pasó por el lugar donde ambos estaban parados hace sólo unos momentos.

Tenía un metro de diámetro. Agudos pinchos cubrían su superficie, otorgándole una forma bastante sanguinaria.

La bola de hierro continuó su trayectoria, dirigiéndose directo hacia Charl y Sigmund.

Obviamente, ambos no iban a quedarse allí y recibir el ataque en silencio. Sigmund usó su ala para golpear y devolver la bola… sin embargo, el ataque de aquella persona misteriosa no se detuvo allí.

Desde la muchedumbre, algunas sombras irrumpieron juntas en el área.

Una muñeca blindada que parecía un caballero, una chica descalza, y una bestia de seis brazos— parece que todas eran autómatas.

La muñeca blindada atacó de frente, mientras las otras dos saltaron desde la izquierda y la derecha, tratando de cerrar cualquier ruta de escape. Sin embargo, su objetivo no era Raishin— ¡era Sigmund!

“¡Sigmund!”

Charl pronunció una orden. Aun cuando no le dijo qué hacer, Sigmund parecía entender completamente sus pensamientos. Cargando a Charl en su espalda, voló por los aires.

La muñeca blindada apenas había empezado su ataque cuando fue golpeada por las patas de Sigmund.

Con una barrida de su cola, los dos cuerpos que se le acercaban desde los lados salieron volando también. Con movimientos tan simples, las tres autómatas quedaron tiradas, con ocasionales sacudidas de sus cuerpos sin vida.

(Es buena… El título de las Rounds no es sólo una fachada.)

Básicamente, un autómata bajo control se movía de acuerdo a la voluntad del titiritero. Sin embargo, un autómata no era sólo una muñeca de madera. Eran autónomos, lo que significa que ellos también tenían su propia voluntad. Si el titiritero no se sincronizaba apropiadamente con el autómata, entonces los movimientos del autómata serán torpes, y el titiritero gastará excesiva energía mágica innecesariamente.

En ese punto, Charl y Sigmund estaban en perfecta armonía el uno con el otro. Si los dos no estuvieran familiarizados entre sí, no habría manera de que Sigmund se moviera de esa manera.

Sin embargo— Era muy temprano para decir que el peligro había pasado.

La visión cinética excepcional de Raishin le permitía captar sus movimientos.

Entre la multitud, había unos cuantos de ellos con intenciones hostiles, y se estaban moviendo secretamente entre los estudiantes.

Podía percibir nueve, diez presencias… o incluso más. Aun si la mitad de ellos fueran meros titiriteros, eran una fuerza formidable. Además, eso significaba que podrían tener la ventaja debido a su superioridad en número.

Pronto, hicieron su movimiento.

Dos figuras monstruosas volaron. Eran una ondina (6) y una arpía (7), autómatas cuyos diseños estaban basados en criaturas mitológicas legendarias. Los titiriteros detrás de ellas claramente habían proyectado sus intereses y razones en sus autómatas con tales diseños.

La primera en atacar fue la autómata con forma de ondina con su cuerpo semi-transparente, que arrojó un chorro de agua de alta presión con la forma de una lanza directo hacia Sigmund.

Sigmund la esquivó fácilmente, pero al hacerlo, un espíritu de nieve— Jack Frost— se acercó desde un costado y desató un ataque. Sigmund apenas pudo esquivar la magia de hielo que le lanzaron. Aunque emergió ileso, el ataque de hielo congeló el agua del ataque de la ondina, provocando que el suelo se congelara también.

Como si eso fuera poco, un ataque llegó desde arriba también. La autómata con forma de arpía desató un potente ventarrón. Sin poder esquivarlo, Sigmund perdió su resistencia en el aire, y se estrelló contra el piso congelado.

Apareciendo allí, había un nuevo oponente. Un gigante con rasgos propios de un golem arremetió.

Sus piernas no podían lograr adherencia en el suelo resbaloso, así que Sigmund no pudo evadirlo. El golem lo tomó de sus alas, impidiéndole que se moviera.

Los estudiantes en los alrededores empezaron a murmurar entre ellos. ¿Quizás finalmente le había llegado el momento a la legendaria T-Rex?

Un horrible sonido podía oírse mientras las alas de Sigmund empezaban a crujir por la presión. Si las cosas siguen así, estará en peligro. Sin embargo, Sigmund no podía sacarse de encima al golem. Todavía sobre su espalda, Charl chasqueó la lengua, y en ese momento, una gran bota de hierro voló por el aire con un silbido.

Rebozando con una fuerza tremendamente destructiva, la bola de hierro—

—no colisionó con Sigmund.

“… ¿A qué estás jugando?”

Charl preguntó con una voz fría.

Raishin ignoró la pregunta que vino desde detrás de él, y le habló a su compañera a su lado.

“Vamos, Yaya.”

“Si Raishin lo desea, iré hasta los confines de la Tierra por él.”

Yaya respondió categóricamente, mientras arrojaba a un lado la bola de hierro que había atrapado.




NOTAS DEL TRADUCTOR

(5) Aunque no tengo idea a qué se refirió con esto, Izanagi es una deidad nacida de las siete generaciones divinas en la mitología japonesa y en el sintoísmo, es también referido en el Kojiki como “el hombre que invita”.

(6) Las ondinas (undine en Inglés) son ninfas de agua. http://es.wikipedia.org/wiki/Ondina

(7) En la mitología griega, las Arpías o Harpías (harpy en Inglés) eran inicialmente seres con apariencia de hermosas mujeres aladas, cuyo cometido principal era hacer cumplir el castigo impuesto por Zeus a Fineo. En tradiciones posteriores fueron transformadas en genios maléficos con cuerpo de ave de rapiña, horrendo rostro de mujer, orejas de oso y afiladas garras, que llevaban consigo tempestades, pestes e infortunio. http://es.wikipedia.org/wiki/Harp%C3%ADas

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