Capítulo 2.1

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Siete días antes, Charl estaba caminando agresiva y ruidosamente por su habitación.

Caminaba hasta la puerta, se detenía, y daba la vuelta antes de realizar un giro en U.

Su pie golpeó la mesa, haciendo que la montaña de libros de texto colapsara.

Esto despertó a Sigmund de su siesta diurna, y bostezó mientras se levantaba de la cama.

“Si estás tan preocupada, deberías ir a ver cómo está Raishin.”

“Qué- Yo- Tú— ¡No estoy preocupada por él!”

“Ya postergaste tus estudios por tres días. ¿No significa eso que no puedes concentrarte?”

“S-S-Sólo porque eso sea verdad no significa que puedas saltar a esas conclusiones. No manipules la verdad. No podría molestarme menos la condición de ese idiota. Con su constitución, ese idiota estará bien. Además… en ese lugar no se permiten las visitas en primer lugar.”

“Estoy seguro de que si se lo pides a la Señorita Kimberly, ella ayudará. Como se trata de ti, no dirá que no.”

“¿P-P-P-Por qué tendría que llegar tan lejos por alguien como él?”

Cruzando los brazos, giró la cabeza.

“Deja de ser tan terca. Si un amigo está herido, es natural preocuparse. Cuanto más obstinada seas, más muestras tus verdaderos sentimientos.”

“… ¿Verdaderos sentimientos?”

“Finalmente estás reconociendo a Raishin como hombre, ¿no?”

“Qué— No hay manera de que eso sea posible. No digas cosas tan extrañas, o cambiaré tu almuerzo de pollo por arenque en lata. ¡Dragón irritante!”

“Ves, lo estás negando intensamente. ¿Por qué?”

“No lo estoy negando intensamente—”

A medida que Charl intentó refutar a Sigmund, se detuvo.

Sigmund estaba con Charl todo el tiempo. Además de eso, ha estado a su lado desde que ella nació. Cuando se trataba de Charl, Sigmund fácilmente podía ver a través de ella.

“… Quiero decir, qué tal si de alguna forma termina gustándome—”

Habiéndose dado cuento de lo que acababa de decir, Charl explotó.

“¡Esta es sólo una situación hipotética! ¡Una obra de ficción! ¡Simplemente estamos hablando de la posibilidad de que pase!”

“Sí, sí, ya entendí. Hipotéticamente, digamos que tienes buena voluntad hacia él, ¿entonces qué?”

“Eso no… me haría ver como una… ¿chica fácil?”

Lenta pero continuamente, las esquinas de sus ojos tenían un matiz de humedad. Charl parecía estar al borde de las lágrimas, pero al mismo tiempo podría estar enfadada. Para Sigmund, lo estaba mirando con un rostro extraño.

“Hm. Ustedes los humanos tienen que atravesar sus propias dificultades. Sin embargo, tu preocupación—”

En ese momento, la puerta se abrió con un click, la persona no se molestó en llamar.

Mientras empujaba una carretilla de mano, la amable casera entró.

“Oh, Charl. ¿Todavía no sales de tu habitación? Ya han pasado tres días, ¿sabes?”

“Señorita Zeth— ¿qué es eso? ¿Una maleta?”

“Deberías estar feliz. ¡Finalmente tendrás una compañera de cuarto!”

“Qué— ¡Por favor no decida eso por mí tan de repente! ¡Cómo puede traerme una compañera de cuarto así nada más!”

“No toleraré insolencias, jovencita. Las reglas del dormitorio Gryphon establecen que una habitación debe compartirse entre dos chicas.”

“¡Pero siempre estuve sola por mi cuenta todo este tiempo!”

“Eso es porque siempre estuviste causando problemas, ¿no? Empujaste a Ravena por la ventana, luego hiciste llorar a Nancy.”

“Uu… ¡Pero!”

“Cálmate. Estoy seguro de que te agradará la nueva chica. ¡—Entra!”

Con una voz cantarina, la llamó en el pasillo.

Eventualmente, casi como disculpándose, una tímida joven entró.

Lucía muy insegura. Tenía el sombrero bajado hasta los ojos, como si estuviera tratando de esconder su cabello castaño.

Al ver el rostro de la chica, Charl literalmente saltó hacia ella.

“¡Henri!”

No lo podía creer. Pasando por delante de la casera, se apresuró hacia la chica.

Extendió las manos con miedo. Las yemas de sus dedos tocaron carne. No era una ilusión.

“¡¿Estás bien?! ¡¿Te pasó algo?! ¡¿Dónde has estado todo este tiempo?! ¡¿Cómo está nuestra madre?! ¡¿Por qué estás en la academia— por qué eres mi compañera de cuarto?!”

“Cálmate, Charl. Tu comportamiento haría que cualquier persona, con más razón Henri, se sienta incómoda.”

Sigmund la regañó. Sacudiendo las alas, aterrizó en la cabeza de Charl.

“Tiempo sin verte, Henri. ¿Cómo te sientes?”

Los nervios de Henri se calmaron un poco. Sonrió muy ligeramente.

“Tiempo sin verte, Sigmund…”

“Me alegra ver que estás bien. Charl se preocupó mucho por ti todo este tiempo.”

Charl giró la cabeza a un lado, pero Sigmund la forzó a volver.

Al hacerlo, las lágrimas de Charl se dispersaron en el aire, destellando al caer al piso.

“¿H-Hermana…?”

“… Está bien que llore, ¿ok? ¡No tiene nada de raro!”

Finalmente incapaz de contenerse, abrazó a Henri con fuerza.

Había crecido un poco, pero su aroma, y la sensación al abrazarle le decían a Charl que era Henri.

Estaba viva. ¡Estaba viva y ahora estaba aquí…!

Mientras recibía le abrazo, Henri también había extendido sus brazos alrededor de Charl en algún momento.

Al principio, lucía un poco reservada, pero eventualmente, su abrazo se hizo más fuerte.

Sigmund y la casera miraron afectivamente a las dos hermanas unidas en su abrazo.

“Ok, ¿qué te pasó? ¿Por qué estás en la academia?”

El rostro de Henri instantáneamente se nubló. Apartándose de Charl, se puso distante.

“… Estoy aquí para cumplir un rol.”

“¿Un rol? ¿Qué clase? ¿Por qué viniste aquí?”

Henri cerró los ojos con fuerza, antes de murmurar con angustia.

“Estoy aquí… para traerte desgracia.”




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