Capítulo 4.1

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“¿Tú… saldrías en una cita conmigo?”

Eso fue lo que Charl dijo. Con mejillas sonrojadas y la mirada en alto.

Creyendo que había escuchado mal— deseando que hubiera escuchado mal— Raishin corroboró su pedido.

“¿—Huh?”

Ya sea que fuera un intento por ocultar su rubor, Charl habló indignada,

“¿Tu cabeza está tan mal como tu cara? Te pregunté si saldrías conmigo en un cita.”

Habiendo recibido un considerable ataque verbal, Raishin se sentía deslumbrado.

Tratar de comprender lo que acababa de decir era como tratar de atrapar una anguila escurridiza.

“Hoy después de clases, deja libre tu agenda. ¿Entendido?”

La primera en reaccionar fue Yaya. Mientras palidecía, y empezaba a temblar sin parar,

“A… A… Aunque él aprecia el hecho de que vinieras hasta aquí para invitarlo, Raishin ya tiene planes después de la escuela. No tiene tiempo para salir contigo.”

“Está bien. Haré lugar en mi agenda.”

Yaya trituró los fragmentos rotos de la copa en su mano en pedazos más pequeños.

“B-Bueno entonces, debo irme. Te veré luego en la sala de conferencias.”

Con la inocencia y la vergüenza de dos personas que acababan de empezar a salir, se apresuró a irse.

Viendo su vergonzosa figura retirarse, Raishin dejó escapar un bostezo.

“¿Qué pasa con ella? Dándome escalofríos tan temprano en la mañana—”

Un violento frío de repente lo atravesó.

Por un breve momento tuvo la alucinación de que la Parca estaba a punto de separarle la cabeza del cuerpo con su guadaña. Volteando tímidamente, vio el cabello de Yaya levantándose en el aire, serpenteando como si fuera Medusa.

“E-Espera un minuto… cálmate, ¿ok? Sólo respira profundo y cuenta hasta el número primo más grande que se te ocurra… ¿por favor?”

Un segundo después, un lamento de agonía hizo eco en el dormitorio tortuga.

“… En verdad eres un hombre escandaloso. ¿Tu cerebro se infectó con parásitos?”

Al ser estrangulado, justo antes de que su visión se oscureciera completamente, la consciencia de Raishin volvió gracias al sonido de una familiar voz que lo había insultado.

Quizás ella volvió en sí, o la aparición de alguien más la sobresaltó, ya que Yaya soltó la tráquea de Raishin.

Mientras el oxígeno volvía a sus vacíos pulmones, Raishin volteó para ver a la dueña de la voz.

Parada allí estaba una estudiante de lentes— Lisette. Acompañándola estaba una hermosa huésped. A diferencia de Charl quien entró audazmente, Lisette había obtenido permiso para visitar el dormitorio de los chicos.

Sin siquiera una sonrisa, Lisette le dio un gran sobre con una actitud de negocios.

“… ¿Qué es esto?”

“¿No es obvio si lo piensas un poco? ¿O acaso los parásitos se comieron completamente tu cerebro?”

“¿Por qué estás tan fijada en los parásitos?”

Lisette le echó una mirada de desdén, antes de volver a su actitud de negocios.

“El contrato entre tú y el comité de disciplina— además de todo el material que tenemos sobre Cannibal Candy.”




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