Capítulo 3.1

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Aunque sabía que no lo verían, Raishin seguía tenso mientras salían por las puertas de la academia.

Normalmente, sería capaz de caminar por sí solo, pero ahora Komurasaki estaba junto a él. Los barriles de hierro que se destacaban junto a las mirillas en la entrada no ardían con fuego, pero lo puso extrañamente nervioso.

Era como ser apuntado con una pistola, y todo lo que pudo hacer fue mantener un silencio insoportable.

Luego de atravesar la entrada, caminaron un poco más, antes de detenerse en frente de un automóvil.

“Es un auto militar~ ¡Vamos, entra!”

Komurasaki lo arrastró de la mano, y entró al auto. El conductor del vehículo parecía haber sido informado con anterioridad, una vez que sintió sacudirse el auto cuando “alguien” entró, arrancó el motor.

Atravesando la ciudad, se dirigieron a un área más rural. Se separaron de la calle principal, ingresaron a una carretera lodosa de campo, resultado de una combinación de lluvia y falta de sol.

Para evitar levantar sospechas, el vehículo se detuvo antes de que el orfanato pudiera divisarse.

Con Komurasaki guiando el camino, procedieron a pie.

Los edificios en frente de ellos parecían como si pertenecieran a un granjero rico.

De dos pisos, y hecho de piedra, había dos y ambos estaban construidos magníficamente. En el medio de los campos había un granero alto, así como un establo de madera más pequeño que parecía ser usado para alojar animales.

“Eso es… un establo para reses, ¿verdad?”

“Síp. Pero huh, no puedo oler ninguna vaca~”

Con su pequeña nariz retorciéndose, Komurasaki olfateó. Tenía razón, el hedor repugnante del estiércol de las reses estaba ausente.

“Sin importar como lo mires, no se siente como un orfanato en absoluto. ¿Estás segura de que este es el lugar?”

“Definitivamente es aquí~. Se suponía que debía caminar en una dirección de 43.189, y 22.546 kilómetros desde la casa de Shouko.”

Komurasaki no se equivocaba. Había un panel publicitario sobre la entrada hacia las instalaciones, y la palabra “Orfanato” estaba claramente escrita en él. A juzgar por su apariencia, las personas a cargo parecían provenir de un monasterio cercano.

Pasando inadvertidos por el panel, entraron a la edificación más cercana, el pequeño establo.

Parecía ser usado previamente como un lugar de descanso por los peones. Un hombre que parecía ser alguna clase de guardia se encontraba allí, pero por supuesto no notó la presencia de ellos. Bostezando, miraba a la carretera del campo.

El mosquete que yacía junto a él atrapó la vista de Raishin.

(Este lugar esta ridículamente asegurado.)

La seguridad no era nada que desechar. El guardia no tenía que estar armado, pero lo estaba.

Se dirigieron hacia el centro de los campos, donde se encontraba el edificio más sospechoso.

La construcción del edificio era todavía más impresionante de cerca. Era masivo y sólido. No había dudas de que las personas alojadas aquí eran adineradas.

Aunque extrañamente, las ventanas estaban aseguradas con barrotes de hierro.

“¡Ah, mira, Raishin! ¡Perritos!”

Tirando de su chaqueta, Komurasaki volteó en la dirección del establo de reses.

La enorme entrada estaba abierta, permitiendo que se viera el interior. Adentro había una jaula de acero, pero en lugar de reses, contenían perros.

Atraída por ellos, Komurasaki parecía querer entrar. Su espíritu libre era como una mariposa que acaba de ser liberada. Al ver que no tenía alternativa, Raishin también se dirigió en la dirección del establo de reses.

Un Gran Danés, un Golden Retriever, un Pastor, un Doberman, y un Collie. Además de esos, había varias cruzas dentro de la jaula. Todos parecían ser razas exclusivamente usadas como perros policía o en el ejército. Sus hombros y piernas estaban cubiertos con armadura.

Si tuviera que suponer, diría que eran autómatas.

Las razas eran distintas, pero no había dudas de que eran el mismo tipo de autómata que Rabi.

Raishin entró al establo con Komurasaki siguiéndolo, pero los perros estaban dormidos y no los notaron en absoluto. Parece que no estaban funcionando a toda su capacidad, aunque era posible que estuvieran en su estado normal. Pero la forma oculta de Komurasaki estaba engañando sus sentidos.

“Son tan lindos~ Yo también quiero criar uno~”

Komurasaki había metido su brazo por la jaula de acero en un intento por tocarlos, pero sus brazos eran demasiado cortos y no pudo alcanzar a los perros.

Incluso con su pequeño brazo blanco sacudiéndose incómodamente, el perro autómata no se despertó para nada. Sus orejas crispadas los hacían parecer perros reales por completo.

De repente Raishin se detuvo, percibiendo una fuerte sensación de inquietud.

(Esto es raro. Estos perros, incluso siendo autómatas- ¿no son un demasiado reales?)

La manera en que fueron construidos era el polo opuesto a la del autómata de Loki, Cherubim. En todo caso, eran más parecidos a Yaya. Autómatas que se parecían muchísimo a los seres vivos auténticos.

(¿Era necesario crearlos de manera que se parecieran tanto a los perros de verdad?)

Si estaban pensados para uso militar, estaría bien si lucieran ligeramente mecánicos.

Rascándose la cabeza, avanzó más hacia el fondo.

En el medio, había una habitación hecha de piedra.

Esta era la única construcción extraña en el establo. Tenía una gruesa puerta de acero, y un sello sobre ella que parecía ser trabajo de un arte mágico. La ventana tenía barrotes de hierro. Su apariencia recordaba a cierta cosa.

— Una prisión.

“Raishin, ¿qué sucede~? ¿Te interesa saber qué hay adentro?”

“Abrámosla.”

“¡Eh! ¡Pero si abres la puerta, los perritos se despertarán!”

“No veo ningún tipo de barrera que active una alarma. Si la abrimos y la cerramos en silencio, no debería haber problemas.”

Sacando algunas herramientas de su estuche, Raishin empezó a forzar la cerradura. Cualquier 3ra parte no hubiera podido detectar el ruido que estaba haciendo. Los propios perros no mostraron reacción ante el sonido de Raishin al falsear la cerradura.

Con un último click, quitó el seguro de la puerta.

Se abrió lentamente.

“… ¿Está vacía?”

No había nadie adentro.

Komurasaki y Raishin dieron un paso dentro de la habitación y mientras él volteaba para cerrar la puerta detrás de él,

“¿Qué asuntos tienen aquí, mocosos?”

Inesperadamente, se oyó una voz.




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