Capítulo 4.1

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Shouko, que se encontraba en el balcón, vio a la ensangrentada Yaya a quien mandaron a volar.

Ajustando ágilmente su campo de visión, buscó al atacante.

A juzgar por la manera en que lanzó a Yaya, calculó el ángulo y ubicación desde la que el atacante disparó. Dirigió su ojo hacia el edificio escolar cercano y divisó algo.

Algo blanco perla estaba emanando un reflejo.

Una persona, estudiante, de cabello blanco se encontraba al borde de una ventana en la facultad de medicina.

El interior del edificio estaba oscuro, por lo que no podía ver nada más que el cabello. Sin embargo, no parecía haber espacio suficiente como para contener un objeto grande como un cañón.

“¿No vas a repararla?”

Era un comentario que surgió inesperadamente. Shouko lentamente volteó.

Parada allí se encontraba una profesora vestida con una bata blanca, ninguna otra que Kimberly.

Tenía una mirada provocativa en su rostro. Sus ojos estaban enfocados en Shouko.

Shouko se rió ligeramente y trató de decirle algo.

Kimberly tenía una mirada entretenida en su rostro,

“Así que también puede ocultar el sonido. Lo siento, ¿pero podría al menos quitar la barrera para que pueda escucharla, Señorita Karyuusai?”

Shouko dispersó la forma oculta del arte mágico con otra ligera risa. Los estudiantes cerca de ahí saltaron como venados asustados. Considerando que la belleza vestida con un kimono que acababa de materializarse ante ellos, la sorpresa era comprensible.

“Buen día para usted, Profesora Kimberly. Supongo que mi chico le ha estado causando problemas, ¿no?”

“Si, es un mocoso realmente problemático. Su memoria es mala, su actitud deja mucho que desear y como yapa, no puede mantener sus manos quietas.”

“Oh vaya, ¿incluso con las señoritas?”

“Al escabullirse secretamente en la academia de esta forma, debe preguntarse dónde está y qué está haciendo. Mire, es por esa clase de conducta que su preciada autómata se encuentra ahora en ese lamentable estado.”

“Por la manera en que habla, suena como si ya supiera quién es responsable de eso.”

La atmósfera se tensó. Los estudiantes en los alrededores tragaron saliva mientras las dos mujeres se miraban entre sí.

Después de un momento, la primera persona que rompió la tensión fue Kimberly.

“Esta entrevista puede esperar hasta la próxima ocasión. Más importante es esa autómata allí abajo.”

Gesticuló hacia Yaya en el suelo, yaciendo en un charco de su propia sangre dentro del jardín.

“Vaya, repárela. No creo que pueda permitirse perderla, ¿cierto?”

“Su preocupación es apreciada. Sin embargo, no es necesario. No es tan débil como usted piensa.”

“Su autómata quizás no. ¿Qué hay del Segundo Último?”

“Estoy hablando de él. Mi chico no morirá tan fácilmente.”

Con una voz llena de confianza, se levantó elegantemente.

E hizo una reverencia con una cortesía tan bella que merecía estar en un escenario.

“Buen día para usted, Profesora Kimberly. Envíele mis saludos al Padre Tiempo.”

Luego de una breve mirada hacia Yaya, se retiró sin más acciones. La figura de Shouko una vez más se llenó de energía mágica y desapareció frente a sus ojos. Y otra vez, los estudiantes se quedaron estupefactos.

Kimberly miró su figura desaparecer y sonrió con ironía.

“Qué señorita misteriosa. Sin embargo, supongo que no puedo decir lo mismo de todos.”

Una gota de sudor brillaba sobre su frente.




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