Capítulo 4.4

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El disparo hizo eco a través de la alcantarilla.

Poco después, un grito de dolor pudo oírse.

Sin embargo, quien gritó no fue Raishin, sino el hombre en frente de él. La vieja perra había clavado sus mandíbulas en su brazo. En ese momento, Raishin le quitó la pistola y lo pateó hacia la corriente.

—No obstante, eso fue algo descuidado.

Él había asumido subconscientemente que sólo había dos enemigos.

Había energía mágica formándose detrás de él. Para el momento en el que lo notó, ya era demasiado tarde. El tiempo transcurrió en cámara lenta, y todo parecía ocurrir a ese ritmo.

Detrás de él estaban un titiritero y un autómata con forma de maniquí. Lanzó cuatro espadas cortas desde sus hombros, volando directo hacia Raishin.

En ese momento, una sombra negra apareció en su campo de visión.

Las espadas cortas colisionaron con ella con un ruido sordo. En el momento del impacto, hubo un sonido desgarrador.

Las espadas perdieron su impulso, y su trayectoria cambió, así que ninguna golpeó a Raishin.

No tenía tiempo de pensar. Sin vacilar, Raishin disparó hacia el titiritero.

No había disparado un arma desde el entrenamiento militar. Sin mencionar que estaba oscuro, aun así la bala encontró su objetivo. Golpeando al titiritero en un muslo, el titiritero se retorcía de la agonía.

No iba a morir, pero no estaba en condiciones de usar artes mágicas.

Ignorando al maniquí que se había detenido por completo, Raishin se apresuró hacia la sombra oscura- Yomi.

A primera vista pudo notar que se encontraba en un estado terrible.

Su mitad inferior no estaba. No sabía cómo la habían golpeado las espadas, pero la habían atravesado totalmente. Si fuera una perra de verdad hubiera muerto de manera instantánea, pero como Yomi era una autómata, aún estaba consciente.

Unos cables estaban sobresaliendo desde su mitad superior. Sin embargo, el olor que estaba flotando era sin lugar a dudas sangre. ¡Los cables que habían sido insertados estaban rodeados de carne de verdad!

La verdad cayó sobre él. El cuerpo de Yomi estaba creado en gran medida con parte orgánicas.

No, esto era más como lo opuesto—

“Resiste. ¿Por qué me protegiste? Si hubiera muerto, ¿Frey no habría ganado por abandono?”

Yomi se rió en respuesta.

No tenía tiempo para revisar por completo su condición. Los sonidos de la batalla habían llamado la atención de los otros, y sus pasos se estaban acercando. Pudo ver tres, cuatro lámparas a la distancia. Parece que eran muchos. Si los descubren, será el final.

“¡Raishin, hay una escalera aquí! ¡Podemos subir a la superficie!”

Komurasaki estaba señalando a un lugar en la oscuridad cerca de ellos.

“Voy a cargarte, Yomi. Pude que tiemble un poco, así que trata de resistir-”

Yomi le mordió el brazo a Raishin, y él la soltó.

“¡Salgan de aquí… mocosos!…”

La luz se estaba desvaneciendo de los ojos de Yomi, y sus pupilas se estaban dilatando.

Ya no podía preservar su existencia. Su Corazón de Eva se había roto. Raishin inyectó energía mágica en ella, pero sus circuitos mágicos no estaban respondiendo.

“Al final, me… divertí… mucho. Necesito… agradecerte…”

“Yo debería agradecerte a ti. Definitivamente te pagaré por tu bondad. Una vez que superemos esto-”

“¡Sólo vete…!”

Palabras fuertes que casi eran una súplica. Raishin se encontró con que sus manos se detuvieron inconscientemente.

“Quiero… descansar… aquí. De esta manera… puedo estar con los niños…”

Raishin finalmente lo entendió.

Yomi había llamado a este túnel de escape un “triturador de basura”.

Había un único significado detrás de eso. ¡Estas personas de D-Works, cuando decidían desechar las unidades y partes Garm, que no podían reconocer públicamente que existían las botabas en las alcantarillas!

Este canal era el cementerio de las unidades Garm abandonadas.

“¡Raishin! ¡Se están acercando!”

“… ¡Maldición!”

Sacudiéndose el dolor desgarrador dentro de él, Raishin empezó a subir por la escalera.

El sacrificio de Yomi no debería ser en vano. Diciéndose eso a sí mismo con fervor, Raishin finalmente la abandonó.

Se enfocó solamente en subir la escalera. Unos diez metros más arriba, sintió que sus oídos se bloquearon extrañamente, ya que hubo una explosión debajo de él.

El techo en las alcantarillas se derrumbó. Si tuviera que suponer, fue obra de Yomi. Con los últimos restos de su fuerza, había usado su arte mágico para detener a los enemigos.

(Maldición… ¡Maldición, maldición!)

Culpando a su propia debilidad, apretó los dientes por la frustración.

Sin poder hacer nada más, Raishin huyó.




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