Capítulo 5.1

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En medio de la nieve que caía, las dos se destacaban con sus vívidos colores.

Una mujer cautivadoramente voluptuosa, y una jovencita hermosa.

Ambas estaban vestidas con kimonos encantadores. La chica sostenía un paraguas, para proteger a la mujer de la nieve.

A primera vista, se veían como hermanas. La mujer era como una preciosa rosa, y la chica como un elegante crisantemo— tenían un aire bastamente distinto entre ambas, pero sus rasgos faciales tenían algunas similitudes.

“Eso es todo, ¿no?”

Deteniéndose en frente de una cierta finca, atravesaron la oscura puerta.

Parecía que hubo un incendio. La finca había sido completamente devastada por el fuego, dejando apenas una mera sombra de su anterior forma. El olor a cenizas se extendió por el lugar, y el suelo estaba cubierto de una fina capa de hollín.

En medio de todo esto, había un chico solitario.

El frío en el aire era suficiente como para lastimar la carne viva, pero aun así el chico estaba desvestido hasta la cintura, haciendo gestos con sus dedos como un ermitaño de las montañas. Un antiguo pergamino estaba desplegado ante él mientras concentraba su energía mágica y la vertía sobre el títere de madera en frente de él.

Temblando, como un infante aprendiendo a caminar por primera vez, el títere dio unos pasos inestables hacia delante.

El chico estaba haciendo que el títere se moviera. Todo su cuerpo estaba empapado en sudor. Se estaba concentrando tanto que parecía que se le iba a reventar una vena, pero desigualmente a sus esfuerzos, el títere de madera sólo se movió un poco.

El rostro del chico lucía terrible. Sus mejillas estaban demacradas, y sus ojos estaban hundidos. Sin embargo sus pupilas brillaban con una feroz luz, haciéndolo ver bastante espantoso. Parecía estar a punto de morir en cualquier momento.

El chico miró el pergamino con ojos rojos, antes de hacer gestos con sus manos una vez más. Empezó a reunir energía en algún punto debajo de su ombligo, y entonces—

Escupió sangre con un terrible y fuerte tosido.

Retorciéndose mientras tosía, se cayó de espaldas y dejó de moverse.

—Este era el momento adecuado. La mujer dio un paso al frente debajo del paraguas que la chica sostenía, y caminó hacia el chico.

“Ese fue un gran esfuerzo, chico.”

“… No soy ‘chico’.”

El chico respondió con una voz ronca. Todavía estaba consciente. Su resistencia física era sorprendente.

“Así es. Tienes un nombre, y es Raishin.”

Una mirada de recelo trepó por sus ojos. La mujer soltó una risa en broma,

“Sé mucho sobre ti, chico. Eres el único sobreviviente del clan Akabane.”

“… ¿Quién eres?”

“No eres muy diligente, ¿no chico? Naciste en una casa de titiriteros, y aun así no sabes quién soy.”

Volteando hacia la chica, le hizo una seña.

La chica parecía entender qué hacer. Sin ninguna instrucción en particular de la mujer, ella se detuvo frente al chico, le dio la espalda y se quitó el kimono.

El chico se sobresaltó, pero no contaba con la fuerza suficiente para cubrirse los ojos.

La piel de la chica era exquisitamente hermosa. Sin marcas ni manchas sobre ella, era tan lisa como un campo de nieve.

A la izquierda inferior de su preciosa espalda, sobre su cadera, una inscripción había sido grabada.

Karyuusai, decía.

Ese nombre era uno que resonaba en todo el mundo. Incluso los mandamases de los militares la conocían como la ilustre artesana de títeres de esta generación.

Entonces— ¿esta chica era una autómata?

Los ojos del chico se abrieron ligeramente más. Estaba impactado por el brillo de su aspecto. La sensación de su piel era exactamente como la de un ser humano.

“¿Es linda, no? Esta es una de las tres Setsugetsuka, Yaya de la Luna.”

“…?!”

Él había oído antes sobre su existencia, el tesoro más preciado de Karyuusai, las Setsugetsuka.

Nunca habían sido reveladas al mundo. Sin importar cuán rica fuera una chica, no había manera de que pudiera comprar una.

Por lo tanto, en este punto del presente, la única que tendría posesión de una Setsugetsuka sería la propia creadora.

Su rostro ensangrentado se contorsionó mientras dejaba escapar una débil risa.

“Tienes que estar bromeando… Karyuusai es… una alcohólica, amante de mujeres,  y alguien que disfruta salvajemente de los placeres de la vida…”

“Oh, entonces sí me conoces después de todo. Sí, todo eso es cierto. Me encanta el vino, las mujeres y el canto.”

“Eso significa que eres tú la que… creó a Oborofuji… de la Guardia Imperial…”

La mujer giró la cabeza como si fuera algo tedioso, y habló con un tono extrañamente deprimido.

“Esa cosa fue un fracaso.”

¡¿Un ‘fracaso’…?! ¿Ese monstruo… que cambió… por completo el paisaje de los campos de entrenamiento de Fuji…?

“No era para nada hermoso.”

El chico se quedó sin palabras. La mujer siguió hablando.

“En este mundo fugaz sin embargo, nada es inútil— gracias a ese fracaso, mi fama ha crecido significativamente. Supongo que podrías considerarme una celebridad ahora. Y tengo influencia sobre los superiores de la armada.”

Se rió violentamente, y miró fijamente al chico a los ojos.

“La suficiente influencia como para concederte tu deseo, chico.”

“¿Mi… deseo…?”

“Sí. Puedo ayudarte a encontrar a la persona que odias tanto que quieres matarlo.”

“—”

“Para enfrentarlo, incluso te prestaré a la mejor autómata del mundo.”

El chico movió sus pupilas horizontalmente, su mirada cayó sobre la bella chica que se encontraba junto a la mujer.

Si las Setsugetsuka eran exactamente como los rumores contaban que eran, entonces era posible que—

“Como digo, chico. Sé mío.”

Era una mirada penetrante. La mujer ligera y suavemente tocó la mejilla del chico.

El cuerpo del chico se tensó. Era como una peligrosa bestia salvaje que lo estaba mirando.

Lo que surgió en los ojos del chico era la emoción que se sentía cuando enfrentaba algo completamente desconocido, miedo instintivo.

Sin embargo en esta ocasión, quedó encantado por ella.

La intensidad de toda su existencia lo cautivó, como veneno y antídoto al mismo tiempo.

“La ruta frente a ti se abre en dos caminos, chico. Puedes escoger congelarte hasta morir aquí, o puedes—”




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