Capítulo 1.4

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En la calle principal atravesando la academia—

Justo en el centro, donde la torre del reloj una vez se erigía, el paso había sido completamente acordonado.

La torre se había colapsado bajo su propio peso, luciendo nada en absoluto como su forma original. Ahora, era una montaña de escombros. Al mirarlo, era difícil imaginarse como se veía en sus días más gloriosos.

Ya que no quedaba otra alternativa, Raishin tuvo que desviarse por la arboleda, dirigiéndose al sur con los demás acompañándolo.

Yaya se acercó a Raishin, y le susurró algo al oído.

“Raishin, si seguimos caminando en esta dirección, ¿sabes que terminaremos en el dormitorio Gryphon, verdad?”

“Sí. Primero, vamos a hacerle unas preguntas a la hermana de Charl.”

Las cejas de Yaya se fruncieron. Su desagrado era obvio.

“Su actitud ayer no fue normal. Definitivamente sabe algo sobre Charl.”

“¿Cómo puedes estar seguro?”

“Llámalo una corazonada. Soy bueno para interpretar a las personas. ¿No lo sabías?”

“No, Raishin es una persona densa.”

Yaya lo refutó en un tono de voz deprimido. Incluso Frey asintió con énfasis demostrando acuerdo.

Un frente unido había surgido entre las chicas en algún momento desconocido para Raishin. Se preguntaba desde cuándo se llevaban tan bien. Raishin estaba poco complacido por sus respuestas, pero como el hecho de que se llevaran bien era algo bueno, lo dejó a un lado.

De repente, la atmósfera entre los árboles cambió. La maleza salvaje y la vegetación natural dieron paso a árboles cuidadosamente ordenados, muy bien podados. Caminando más allá, las blancas paredes del dormitorio Gryphon aparecieron.

Llegando hasta el frente del dormitorio, una joven salió corriendo por la entrada.

Parece que tuviera unos veinticinco años. Tenía un rostro dulce, y lucía bastante refinada.

Seguramente era la casera del dormitorio. Manteniendo un ojo sobre Raishin, empezó a regañar a Frey.

“Escúchame. No puedes traer a un chico a este lugar. Los estudiantes varones tienen prohibido entrar a los dormitorios de las chicas.”

“Uu… No es eso. Estamos buscando a Henri…”

El color del rostro de la casera cambió. Había una tensión reprimida en su voz conforme dijo.

“Ya veo. Desafortunadamente, Henri ha desaparecido de nuevo.”

“Eh…”

“Voy a buscarla. Con suerte quizás nada… raro suceda otra vez.”

Con un saludo, salió corriendo nerviosa. Frey la vio irse, luego volteó hacia Raishin con una mirada afligida en su rostro. Raishin giró sorprendido,

“Es muy probable, que se trate de algo que afecte a su vida. Será mejor que nos apresuremos y también la busquemos.”

“Aguarda. Raishin… espera aquí un momento.”

Diciendo eso, Frey desapareció en el dormitorio sin explicaciones.

Raishin y Yaya se miraron el uno al otro. No entendían la razón detrás de esa acción, pero como había dejado a sus preciados perros aquí, seguramente vuelva pronto.

Con impaciencia la esperaron. Finalmente, luego de que pasaran algunos preciados minutos, Frey emergió.

Ocho nuevos rostros la estaban siguiendo. Obviamente, eran los autómatas de la serie Garm.

“Perdón por hacerlos esperar…”

“Eres lenta. ¿Sólo los estabas reuniendo?”

“No. Además traje esto…”

Lo que Frey sacó de su bolsillo era blanco, con franjas azules. Era una prenda de vestir, hecha de algodón y con forma triangular. Con sólo verla Raishin podía decir que era suave.

Habiéndose dado cuenta de lo que era, Raishin empezó a sonrojarse incontrolablemente.

“¡¿Por qué trajiste eso?! ¡De hecho, ¿de dónde las sacaste?!”

“De la habitación de Henri.”

“En otras palabras, esas son sus pantis… Digo, ¿qué planeas hacer con eso?”

“Esto…”

Frey reunió a todos los perros, y les tendió la ropa interior de Henri. Los perros empezaron a olerla, y momentos después todos ellos comenzaron a ladrar.

Frey silbó. Todos los perros excepto Rabi se dispersaron. Confirmando el anhelo de su ama, los perros corrieron en distintas direcciones.

Ya veo, la rastrearán por el olor.

Al ver el destello de emoción en los ojos de él, Yaya se tapó la boca con la mano, perpleja.

“¡Raishin! Si quieres oler panties tan desesperadamente, entonces Yaya va a—”

“¡No estaba pensando en nada como eso! ¡Tú eres la única lo suficientemente pervertida como para pensar eso!”

Luego de un momento, un aullido pudo oírse a la distancia.

Rabi lentamente se puso de pie. Frey se sentó en su espalda.

“Ellos… encontraron a Henri.”

“¿Qué, tan rápido?”

Asintiendo, Frey arrancó sobre la espalda de Rabi, Raishin y Yaya se apresuraron a seguirlos.

Los aullidos intermitentes continuaban en la distancia. Lentamente aumentando en número, una armonía surgió de forma eventual.

Frey serpenteó entre los árboles, sin perder nunca de vista la dirección de la que venían los aullidos.

Raishin impulsó sus piernas debilitadas hacia delante, haciendo su mejor esfuerzo por seguirle el ritmo.

El peor de los escenarios se le cruzó por la mente.

¿Y si la Henri que los perros hallaron no era más que un cuerpo muerto?

Llegaron a un pequeño lago, ubicado junto al campo de batalla de práctica.

Los perros estaban a la base de un joven roble de hojas perennes, rodeándolo por completo. Una vez que vieron a Frey, dejaron de aullar y empezaron a mover la cola.

Arriba entre las ramas del roble, estaba la figura de  una doncella como un gatito.

Probablemente había planeado ahorcarse, ya que había una cuerda atada a una rama. Sin embargo, parece que no tenía la fuerza de voluntad para llevarlo a cado en este momento. La chica estaba abrazando el tronco del árbol, llorando a más no poder.

“¡No—! ¡Perros—! ¡Shoo… shoo, váyanse… alguien que me ayude!”

Era Henri gritando. Eso era bueno, significaba que seguía con vida.

Su figura temblando la hacía parecer exactamente como un pequeño animalito. Aun cuando iba a suicidarse hace unos momentos, ahora estaba pidiendo ayuda patéticamente ayuda, sin importarle lo que los demás pensarían de ella.

Muy brevemente, una exaltada Henri trató se pararse sobre una rama pero se resbaló.

Raishin rápidamente corrió debajo de ella, apenas logrando atrapar a Henri a tiempo. Usando sus rodillas para minimizar el impacto, sintió un dolor atornillado en su clavícula conforme ella aterrizó en sus brazos.

“¡No, no… los perros, los perros!”

“Cálmate. Está bien. Estos chicos están completamente domesticados; no te van a—”

“¡Eeeek! ¡Un hombre—!”

Empujándolo de manera violenta y repentina, tomó a Raishin por sorpresa y éste se tropezó.

Henri odiaba a los perros, pero parece que odiaba más a los hombres.

Raishin se levantó, un poco descontento por su falta de gratitud al salvarla, y miró fijamente a Henri.

Rodeada de trece perros, estaba al borde del desmayo.

“Oye, Henriette Belew—”

Al escuchar su nombre, Henri se puso tensa ante la sorpresa..

“¿Dónde está Charl? ¿Es verdad que no volvió al dormitorio anoche? ¿Tiene algo que ver con la destrucción de la torre del reloj de hoy? ¿Por qué quieres morir tanto?”

Henri tiró de su gorro hacia abajo, escondiendo su rostro, y permaneció en silencio.

“Di algo. Si sabes dónde está ahora Charl, entonces—”

“Espera un momento, Raishin. No deberías hacerle todas esas preguntas al mismo tiempo.”

“Extrañamente, Yaya lo interrumpió. Con una mirada sabia en su rostro, Yaya infló su pecho de orgullo mientras dijo.

“Por favor déjale esto a Yaya. Henriette, por favor responde honestamente. Estás simulando todos estos intentos de suicidio para llamar la atención de Raishin, ¿me equivoco—?”

El puño de Raishin descendió, silenciando a Yaya.

Yaya se frotó la cabeza, con lágrimas en los ojos, pero Raishin la ignoró, volteando hacia Frey y dándole una señal con los ojos. Parece que Henri lo odiaba sin importar qué. Más que continuar con su complejo set de preguntas, quizás sería mejor si una estudiante femenina intentara un acercamiento más suave.

Su tren de pensamientos entonces concluyó, quiso que Frey ayudara. Con un ligero asentimiento, ella,

“Uu… Henri. Estás simulando todos estos intentos de suicidio para llamar la atención de Raish—”

El puño de Raishin descendió otra vez, interpretando al personaje serio para esa estúpida frase.

Ignorando a Frey, quien ahora se estaba frotando la cabeza por el dolor, Raishin se acercó a Henri.

“¡No… un hombre… y encima extranjero!”

“No puedes escapar. Si sabes donde está Charl, dímelo ahora.”

Ante esas palabras, Henri se calló con fuerza. Esa respuesta— ¡ella sabía algo!

“¡Dímelo! ¡Si no lo haces, te echaré los perros encima!”

Interpretando el ambiente, la serie Garm empezó a ladrar fuerte.

Henri gritó asustada, antes de cubrirse la cabeza con las manos y lamentándose con fuerza.

“¡¿Cómo puedes sentir placer al ver animales desbastando a una pobre doncella, enfermo demente?! ¡Querida madre, lo siento… yo… voy a perder mi pureza con bestias y con un hombre bestia!”

De repente, un frío instinto asesino estalló detrás de Raishin, haciendo que tiemble involuntariamente.

Como una muñeca mecánica, lentamente se dio vuelta. Parada detrás de él estaba un demonio vivo, respirando, que haría que el demonio devorador de gente más aterrador de todos escapara asustado.

“Raishin… tú… tienes esa clase de intereses…”

“Espera un minuto… Cálmate Yaya. Piénsalo racionalmente.”

“Aun cuando ni siquiera le das un beso a Yaya… esa mujer… ibas a… y encima con bestias salvajes…”

Algo se quebró dentro de Yaya.

“¡Si otras mujeres te van a robar, entonces será mejor que Yaya mate a Raishin primero, y luego se suicidará—!”

Mientras lloraba desconsoladamente, Yaya arremetió, desatando un pesado puño de hierro. Raishin lo esquivó por poco, el puñetazo de Yaya aterrizó en cambio en el roble, cortándolo a la mitad.

Sudor frío caía por la espalda de Raishin.

Espera… ¿Yaya no estaba bromeando?

Yaya se estaba aproximando a él, a pasos inestables. ¡Su vida estaba flagrantemente en peligro! Mientras se distrajo momentáneamente, Henri aprovechó la oportunidad para escapar como una liebre asustada.

“¡Maldición! ¡Frey, persíguela!”

Sin embargo, no hubo respuesta. Sintiendo algo extraño, Raishin volteó— y tuvo el shock de su vida.

Una fría mirada que nunca había visto ahora estaba presente en los ojos de Frey, y la persona a la que se la estaba dedicando era él.

“Raishin… eres el peor… pervertido.”

Con una voz casi como un susurro, escondió a sus perros detrás de sí misma como tratando de protegerlos de él.

Para Frey, ellos eran su importante familia. Si pensaba que los iban a usar para propósitos aberrantes, por supuesto que se enojaría. Raishin sintió una migraña acercándose, y la sensación de querer llorar lo bañó.

“¡Tú tampoco! ¡No te confundas!”

Era inútil. No había manera de clarificarle las cosas a los dos. En algún lugar en lo profundo de su corazón, Raishin deseó que Sigmund, o incluso Charl al menos, estuviera junto a él.




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