Capítulo 3.1

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Una vez que las clases de la tarde terminaron, Raishin y Yaya salieron del auditorio.

Con Sigmund descansando sobre su cabeza, Charl los veía a través de una ventana en el vestíbulo.

El sol se estaba poniendo, y los terrenos se estaban atenuando.

Mientras el ocaso sucedía, Raishin se encontró con Félix, y ambos atravesaron el jardín de la entrada.

La figura de la espalda de Félix lentamente se desvaneció en la distancia. Charl sintió un ligero calor a través de su cuerpo, y su pecho dolía al mismo tiempo. Verlos irse trajo consigo un sentimiento insoportable.

“¿Estás interesada?”

Sigmund hizo una pregunta brusca.

“N-N-N-No, no lo estoy. No digas cosas e-e-estúpidas.”

“No tienes que ocultarlo. Es un tipo interesante de verdad.”

“É-É-Él no es interesante para nada. Te alimentaré con chícharos verdes de ahora en más.”

“No me refiero a Félix. Estoy hablando de Raishin.”

“Eh—“

Mientras se sonrojaba, Charl reflexionó sobre las palabras de Sigmund.

“… ¿En serio? ¿Acaso no es un insolente pervertido común?”

“Recuerda. En la cafetería, me preguntó cómo me sentía.”

“¿Y qué hay de eso?”

“Eso significa que me trató como a un individuo más.”

“—“

“Puede que se deba a la autómata que él mismo posee, pero no trata a otros autómatas literalmente como títeres. Normalmente, no debería haberse dirigido hacia mí, sino que debería haberte preguntado a ti ‘¿cómo se encuentra tu títere?’.”

Ahora que lo menciona, ciertamente era raro.

“Durante la clase de Física Mecánica, su autómata lo estranguló, ¿cierto?”

“¿Quieres decir durante su pelea de amantes?”

“Lo estaba estrangulando. Los otros estudiantes se rieron de él. Probablemente porque pensaron que había perdido por completo el control sobre su propia autómata.”

Charl de repente se dio cuenta.

Sigmund tenía razón. Ese escenario no era posible, y ella lo sabía. Aunque todavía estaba un poco verde, él era un excelente titiritero—rebosando energía mágica poderosa.

Si lo hubiera querido, él fácilmente hubiera detenido a Yaya en cualquier momento.

“Esto es lo que pienso— Es del tipo de persona bastante sentimental.”

Sigmund se rió entre dientes mientras habló.

Se estaba burlando de Raishin, pero estaba claro que tenía una buena impresión de él. Era posible que el propio Sigmund se haya interesado en Raishin.

“¿No crees que ustedes dos se llevan bastante bien?”

“… No hay manera de que eso sea posible con ese pervertido. Además, soy una persona realista. No me mezclo con idiotas sentimentales.”

“¿Eres realista?”

“… ¿Te estás riendo?”

“No. Sin embargo, déjame hacerte una pregunta.”

La voz de Sigmund pasó a ser más severa.

“Ya te ayudó dos veces. La primera cuando te ayudó durante la pelea, la segunda cuando te perdonó. Si lo enfrentas en una batalla, ¿tienes la determinación para derrotarlo?”

Hubo un breve silencio.

Finalmente, luego de reflexionar sobre una pregunta así de seria, levantó la cabeza firmemente.

“Soy Charlotte Belew, de la noble casa de Belew, a quien la propia Reina le concedió el escudo de unicornio y le otorgó las tierras norteñas.”

Había orgullo en su poderosa declaración.

“Eliminaré a todos los que se interpongan en mi camino, sin importar quiénes sean.”

“… ¿Sin importar quiénes sean?”

“Así es. Sin importar quiénes sean.”

Apretó el puño con fuerza.

“Aunque tenga que manchar mis manos con sangre, hay un sueño que tengo que lograr a cualquier costo.”

Una vez más, miró a través de la ventana.

El atardecer pasó, y la figura de Félix ya había desaparecido.




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