Capítulo 6.2

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La luz de la luna no pudo llegar aquí, la oscuridad era profunda e impenetrable.

‘Aquí’ era un túnel formado por árboles que estaba un poco alejado de la calle principal. Incluso durante el día estaba oscuro como boca de lobo.

En medio de la oscuridad, Charl estaba caminando a paso ligero.

Su cuerpo se inclinaba hacia delante, dando largos pasos y con los hombros tensos.

Detrás de ella, Sigmund estaba agitando sus alas para alcanzarla.

“Volvamos, Charl.”

Charl lo ignoró y siguió avanzando.

“¿Cuánto tiempo planeas seguir así?”

“Estás siendo demasiado ruidoso. Cállate.”

“Deja de agrandar tu lista de crímenes cometidos. Vuelve a tu cama.”

“Hmph. Mientras no me atrapen no será un crimen.”

“Detén esta estupidez, Charl.”

Sigmund voló en frente de Charl y mostró los colmillos. Mientras volaba habilidosamente hacia atrás, empezó a sermonearla como un viejo gruñón.

“Ya deberías saberlo, incluso si logras hacer las cosas de esta manera, no te traerá felicidad. ¿Planeas vivir toda tu vida como una marginada social? Lo que necesitas ahora son los conocimientos de las demás personas. Deja de tratar de cargar con todo tú sola. No hay nadie en el mundo que no necesite un amigo para caminar de la mano.”

“¡¿Te dije que te callaras, no?!”

Se quitó a Sigmund de encima.

“Si sigues así, cambiaré tu dieta diaria a maní.”

Sigmund recobró su posición tercamente, volando en frente de Charl una vez más.

“¿Por qué estás tan alterada? ¿Félix te dijo algo?”

Los labios de Charl se cerraron de golpe.

Sigmund suspiró en resignación.

“Tu rostro lo dice. Eres muy difícil de interpretar a veces.”

“Silencio. Si lo entiendes, entonces sólo cállate y ayúdame.”

“Más razones para negarme, Charl. Si de verdad quieres ser reconocida por ese hombre, detén esta insensatez. Deja de ser tan impaciente. Pelea y gana en la Fiesta Vespertina jugando limpio y de esa manera silenciarás todos los rumores a tu alrededor.”

Charl de repente se detuvo.

Quizás las palabras de Sigmund la habían atravesado, pero había una expresión de angustia en su rostro.

“Pero no puedo perdonar esto… ¡¿Cómo esperas que me quede sentada a mirar en silencio a un lado…?!”

“No eres una representante de la ley, ni un miembro del comité de disciplina. Esta vigilancia es meramente tu propio egoísmo.”

“¡Esa sólo es la lógica de un cobarde! Nobleza obliga—”

El fuego en sus ojos se extinguió casi de tan de inmediato como había aparecido.

Sin Sigmund habiendo señalado eso, ella ya habría notado su error.

Charl estaba usando la indignación pública como pretexto para sustituir su propia ira y odio.

Sigmund se posó suavemente sobre sus alicaídos hombros.

“Tienes un sueño precioso. No lo eches a perder peleando en batallas sin sentido. Tienes una familia en la que pensar—”

“… Es suficiente, Sigmund.”

Su voz sonó raramente cansada. Sigmund de inmediato se quedó en silencio, levantando su cabeza y escaneando la oscuridad en los alrededores.

Finalmente, notó algo.

¡Cincuenta metros más adelante, a la derecha de su ubicación, había un objeto extraño retorciéndose!

La sombra estaba parada en cuatro patas en la base de un árbol, escondido dentro de la oscuridad impenetrable.

No mostraba signos de respirar, y se movía sin hacer ruido— no era humano. Teniendo en cuenta el tiempo y el lugar, no había humanos que estarían andando en cuatro patas ahora.

Por lo tanto, era un autómata.

Los bordes de los labios de Charl se torcieron. Por un breve momento, su aristocrático rostro se transformó en una máscara espantosa de ferocidad como una bestia salvaje.

“Finalmente, parece que encontramos nuestra presa.”

“Espera, Charl. Primero deberíamos confirmar quien o qué es.”

“Todos los chicos buenos y chicas buenas deberían estar en la cama. El único tipo de persona que se escabulliría a esta hora de la noche…”

Charl empezó a irradiar energía mágica desde su cabello hasta los hombros. Dentro de la oscuridad, la luz blanca azulada que brillaba destelló como la de la luna. Extendiendo su mano hacia Sigmund, su energía mágica se fusionó en un haz de luz que fluyó hacia Sigmund.

El cuerpo de Sigmund empezó a reaccionar, pero no creció en tamaño.

“No es suficiente, Charl. No hay suficiente luz aquí.”

“Está bien aun así si estás así. Asegúrate de dejarlo con vida, ¡Raster Flare!”

El pequeño dragón abrió su boca. Un sinnúmero de agujas de luz cegadora emanaron de la boca de Sigmund, volando hacia la sombra, atravesándola. Como su nombre indicaba, no era el disparo de un cañón, sino que contenía un menor poder explosivo, el de un destello.

El autómata cuadrúpedo colapsó bajo el ataque.

Las cuatro extremidades fueron atravesadas por las agujas de luz, sujetándolo al suelo.

“¡Lo tenemos!”

Charl se alegró. Justo mientras corría para confirmar que era lo que había golpeado,

“¡No te muevas!”

Voces intensas y enfadas se aproximaron a ella desde los cuatro lados.

Escondidas en las sombras y en las copas de los árboles, incontables presencias humanas se revelaron.

Charl notó que estaba completamente rodeada. Había ocho— diez individuos. Todos ellos tenían sus lámparas enfocadas hacia ella. Considerar sus actitudes como hostiles sería insuficiente.

Además, todos ellos tenían bandas en sus brazos.

(¡¿El comité disciplinario…?!)

Con su suave cabello dorado revoloteando, alguien se caminó y se acercó al frente de una desconcertada Charl.

“El momento justo, Charl. O mejor, debería decir que este momento es mejor que justo.”

“Félix—”

Félix volteó con tristeza hacia el autómata cuadrúpedo, señalándolo.

“Ese es uno de mis autómatas de repuesto. Pensé que podría intentar pescar a Cannibal Candy, por lo que liberé anzuelos al aire libre.”

Charl estaba confundida. No entendía el significado detrás de las palabras de Félix. ¿Estaba decepcionado de que ella haya interrumpido con su búsqueda?”

“Charl. ¿Sabes por qué estoy aquí?”

“… Era una trampa.”

Félix asintió.

“Oí que te escapaste de tu dormitorio. En el caso improbable de que sucediera algo, ordené que cercaran el área.”

¿Sospechaban que ella era…?

Tan pronto como se dio cuenta, la invadió un miedo innombrable.

“¡No! ¡Pensé que ese autómata era Cannibal Candy!”

“¿Entonces tratabas de capturarlo, cierto?”

Su mirada estaba llena de sospecha. Al ser mirada de esa manera, Charl sintió que su explicación bajaba por su garganta.

“Tú eres una participante de la Fiesta Vespertina. Aun así, Cannibal Candy sigue siendo una amenaza para ti. Sin embargo, seguramente crees que no es una gran amenaza para ti ya que necesitaste cazarlo proactivamente, ¿no?”

“Sólo… pensé que… Era imperdonable…”

“La casera testificó que te has estado escabullendo del dormitorio regularmente.”

Charl se estremeció de la sorpresa.

Ciertamente eso era verdad.

Tan trivial como pueda ser, Charl de hecho sí rompió las reglas, y lo había hecho repetidamente.

“¿Pensaste que tu ausencia no sería notada?”

“¡Pero no estaba haciendo nada por lo que deba sentirme culpable! Me iba a escondidas del dormitorio—”

“Para buscar a Cannibal Candy.”

“… ¡Así es!”

“Oh, Charl… ¿No crees que es hora de que dejes de actuar?”

“—!”

Félix negó con la cabeza. Tenía una expresión de amargura en su rostro que estaba mezclada con resignación y traición. La mirada en sus ojos ya no era gentil y amable.

“Ahora que lo pienso, tus acciones han sido incomprensibles últimamente. Sigues hablando sobre Cannibal Candy con indignación en tu voz— pero eso también fue extraño.”

Félix suspiró. Cuando empezó a hablar otra vez, la calidez en su tono se desvaneció.

“Odias a la personas, y no te mezclas mucho con ellas. ¿Cómo podría esperar que sintieras consideración por aquellos estudiantes que fueron atacados? Además—”

No había emoción en su voz mientras continuaba en monotonía.

“Te acercaste a Raishin Akabane. Alguien que odia a la gente tanto como tú se acercó a alguien tan insensible como él.”

“¡No—!”

“En otras palabras, tu odio a Cannibal Candy— fue meramente un acto que montaste.”

“¡No! ¡En realidad—!”

“Si asumimos que todo lo que hiciste fue para evitar las sospechas, entonces todas las piezas encajarían.”

“¡¿Por qué?! ¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡¿Qué evidencia hay?!”

“Hay evidencia. La encontramos en tu habitación.”

Los ojos de Charl se abrieron de par en par. No puede ser que— ¡¿encontraron eso?!

“¡Espera, puedo explicarlo! Esos circuitos mágicos—”

Los miembros del comité disciplinario se reaccionaron. Charl se dio cuenta de su error.

“Charl… Entonces, de verdad los escondiste tú.”

Félix tenía una mirada triste en su rostro. Por un lado, estaba la posibilidad de que una tercera persona los ocultara— Alguien que le guardara rencor a Charl, o incluso el propio Cannibal Candy podría haberlos dejado ahí para culpar a alguien más. Sin embargo, Charl misma había mencionado los circuitos mágicos, y por lo tanto esos circuitos eran ahora evidencia incriminatoria.

No obstante, era inevitable y no podría defenderse. La verdad era que la propia Charl había guardado una gran cantidad de circuitos mágicos en su habitación.

“Has lastimado a un gran número de estudiantes hasta ahora.”

Una vez más, ella no podía decir nada pues era la verdad.

“Siempre fuiste solitaria y distante, y tus alrededores se llenaban con nada más que enemigos. Bajo estas circunstancias, ¿tu odio no crecería más?”

“¿Qué estás insinuando?”

Félix habló lentamente, como si estuviera tratando de confirmar algo.

“La razón por la que nuestra investigación nunca logró identificar a Cannibal Candy fue porque él era un solitario, y por lo tanto nadie tenía ni una pista de cuáles eran sus movimientos.”

“…”

“Luego se saber que Raishin Akabane había aceptado asistir al comité disciplinario, tuviste una sensación de peligro. ¿Por qué? Porque él no te tenía miedo y trató de acercarse a ti persistentemente a pesar de tus rechazos. Si alguien fuera a acercarse a ti, olería a una rata.”

“:..”

“Y es por eso que saliste con él, para crear una coartada y así desechar las sospechas sobre ti. O quizás, ¿tratabas de ponerlo de tu lado? Afortunadamente para ti, posees una gran belleza.”

Sus hombros temblaron. Esto era mortificante. Ser considerada alguien que destruyó autómatas sin una buena razón y que usó la seducción como medio para lograr un fin.

“Deberías entender lo que estoy tratando de decir, ¿no?”

Félix soltó un largo y profundo suspiro, como si estuviera vaciando sus pulmones.

Mirando fijamente a Charl con disgusto y amargura, Félix por fin habló.

“En otras palabras, Charlotte Belew. Tú eres Cannibal Candy.”




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